Evangelio joven: «Haced lo que él os diga» (20-ene)

Lecturas

El Evangelio de hoy concluye de la siguiente manera: así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él. Se trata del primero de los 7 signos que encontramos en el Evangelio de Juan. Una boda, algo que conecta con la idea de la primera lectura: Israel ha vuelto del exilio y el profeta canta a Jerusalén en una situación difícil (devastada, abandonada). Isaías prefiere mirar al futuro usando la imagen de Jerusalén como una novia, «mi favorita, desposada». Como si fuera el día de la boda, recibe la promesa de la salvación, que va de la mano de la justicia que reinará en ella. La luz brillará de nuevo, la luz del Señor, la que aparece en el mundo, como sabemos, con la llegada de Jesús.

Como si fuera el día de la boda, recibe la promesa de la salvación, que va de la mano de la justicia que reinará en ella. La luz brillará de nuevo, la luz del Señor, la que aparece en el mundo, como sabemos, con la llegada de Jesús.

El mismo Jesús al que María, su madre, le dice que no queda vino para la boda. Él le contesta, un poco “fuerte”, que no ha llegado la hora de su gloria, un tema que se irá repitiendo en el Evangelio. Esa “hora” que se manifestará en la cruz y la resurrección, en la entrega de su vida. Su gloria la verán los que miran a Jesús con los ojos de la fe. María no pide un milagro, confía en Jesús y espera. Y manda a los que están allí, a los sirvientes y a los discípulos: haced lo que él os diga, confiad en él.

El agua de las tinajas era para las purificaciones rituales de los judíos, uno de los ritos de la antigua alianza. Jesús la convierte en el vino de la nueva alianza. Por eso es más un signo que un “milagro” tal como a veces lo entendemos. No es magia, manifiesta la intervención de Dios por medio de Jesús, en quien los que allí están ven como el Hijo de Dios para un tiempo nuevo. Los discípulos tenían fe en él (hacen lo que él les dice y esperan de él, siguiendo a María), y viendo los signos su fe crece.

Jesús nos da su Espíritu para creer en él y reconocer sus signos. El Espíritu pone en nosotros los dones que cada uno tenemos, como hemos leído en la Carta a los Corintios. Somos distintos, vivimos de distinta manera, pensamos distinto, pero el Espíritu es uno y es el que nos convoca, nos anima y nos sustenta para seguir a Jesús poniendo todo al servicio de los demás. Nosotros también somos signos de su presencia. Hagamos lo que él nos dice.

Nacho Moreno sscc

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