Evangelio Joven: “God’s Talents” (19-nov)

Prov 31,10-13.19-20.30-31
Sal 127
1Tes 5,1-6
Mt 25,14-30

“… y los dejó encargados de SUS BIENES”

Si no fuera por esa cita parecería que Dios, el que da los talentos, es alguien exigente, usurero, preocupado solo por los beneficios,  explotador, vamos…. un empresario pero de los malos, de esos jefes que dan miedo y, claro, nos llevan a esconder el talento para no perderlo.

Sin la admiración y el agradecimiento, el talento que se nos regala puede parecer una carga, una molestia.
Fotografía: A. Acharki.

Pero ¡nada de eso! Me resisto a creer que Dios sea así, ¡No! Dios es Grande, es Amor, es Misericordia, entre otras cosas porque me considera valioso ¡a mi!, y pone en mis desastrosas manos nada menos que ¡sus bienes! Me da ¡sus talentos! según mi capacidad, dice él, capacitándome, diría yo. Y eso sí, espera algo de mí. ¿Cómo no estarle agradecido por la confianza que significa el querer contar conmigo, si encima me conoce como nadie? Algo de eso debieron sentir los dos primeros empleados (los que recibieron 5 y 2 talentos) orgullosos y alegres, que no temerosos, de que el amo hubiera querido contar con ellos: “verás qué sorpresa le voy a dar cuando vuelva, que le devolveré lo suyo y multiplicado” se dirían por dentro.

Pero cuando el que recibió un solo talento (¿muerto de miedo por este empresario cruel o  listillo que creía poder engañar a Dios?) decidió enterrarlo y dedicarse a aprovechar el momento (ese tan largo que llamamos vida y va desde que recibimos los talentos hasta que el amo regresa), pensaría que podría vivir mejor aparcando los talentos y, claro, al volver el amo “y pedirle cuentas” no pudo engañarle mucho, al contrario, se le cantaron las cuarenta y  se llamaron a las cosas por su nombre: “ empleado negligente y holgazán”.

Tampoco me gustaría pensar que los empleados que pusieron a rendir sus bienes consiguieron así lo que en el fondo querían: un cargo importante (de nuevo como empleados serviles de un empresario malo y exigente).

“Prefiero creer que ese encargo primero, con esos talentos –sean cinco, dos o uno– dan sentido a toda una vida.”
Fotografía: E. Casap.

Prefiero creer que ese encargo primero, con esos talentos –sean cinco, dos o uno– dan sentido a toda una vida, porque vienen de Dios, y en la tarea de ponerlos a producir se descubre que requieren de uno mucho más que las manos o la cabeza, un corazón que incluso llega a experimentar lo que sentiría el mismo amo, y se identifica con él. Y en todo ese proceso la vida se ha ido transformando, convirtiéndose en talento, encontrando lo que ni siquiera al principio se buscaba, antesala del banquete.

Poldo Antolín ss.cc.

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