Evangelio joven: «Fue al sepulcro al amanecer» (4-abr)

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.
(Jn 20,1-9) Domingo de Resurrección

¡Feliz Domingo de Resurrección! En el Evangelio de hoy aparecen tres personas: María Magdalena, Pedro y el discípulo amado. Cada uno tiene su ritmo y su momento para vivir la resurrección de Jesús. Veámoslos:

  • María va al sepulcro, pero ¿a qué va? ¿a llorar una muerte que todavía duele? ¿a sentarse cerca, aunque sea fuera de la tumba? De hecho, ella no ve dentro del sepulcro, solo ve la losa quitada. Sin embargo, poco importa, ella ya sabe que se han llevado al Señor. Cuando una herida duele, una simple insinuación basta para hacer daño. Cómo iba ella a imaginar que no es un mayor desgarro lo que viene, sino el consuelo de la resurrección…pero no es todavía su momento, no.
  • El discípulo amado corre. Corre y ve. Sin embargo, ¿basta esto para creer? Antes de que llegase Pedro ya había visto desde fuera lo que había en el interior: “vio los lienzos tendidos, pero no entró”. Necesitará la ayuda de otro, de alguien quizás más lento, pero que le acompañe…
  • Pedro. Rápido a la escucha, pero lento al paso. Quizás simplemente porque no podía ir más rápido, quizás porque en estas cosas no es la velocidad lo importante. Llega al sepulcro y entra. No titubea. Y sirve de compañía para que el discípulo amado entre.

Cada cual tiene su ritmo y su momento, pero parece que estos lo viven juntos. Uno necesita al otro.

Piensa ahora en que tú eres el discípulo amado y que para ver y creer quizás te hace falta la ayuda de esos otros que puede que vayan más lento, pero dan certeza.

Termino con una nota aparte. Qué curioso que para el Domingo de Resurrección se elija una lectura en la que no aparece Cristo Resucitado de manera explícita, pero que es el centro del relato. ¿Qué podrá significar? ¿qué nos quiere decir? Te animo a que reces con estas dos preguntas y luego leas el capítulo 20 del Evangelio de san Juan (¡no te asustes que no es largo!) y veas las distintas experiencias que ahí se recogen.

Con este comentario no pretendo más que darte alguna nota a la puerta del sepulcro. Ya entrar y entender la Escritura para creer, es cosa de Dios y tuya. De nuevo, ¡Feliz Domingo de Resurrección!

Santi González sscc

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