Evangelio joven: “¿Estoy dando fruto?” (16-jul)

Is 55,10-11
Sal 64
Rom 8,18-23
Mt 13,1-23

Hay momentos en la vida que nos paramos y nos preguntamos si nuestra vida va por buen camino, si estamos tratando con bondad a los que nos rodean o si estamos siendo fuente de desesperanza para alguien. Son acontecimientos de la vida que nos hacen de STOP y nos invitan a frenar y tomar la vida en las manos. ¿Y si la Palabra fuera hoy este acontecimiento que te invita a pararte y echar un vistazo a tu vida?

"Dios está ayudando a la creación entera que está con dolores de parto". Fotografía: M. Benson (unsplash.com)

“Dios está ayudando a la creación entera que está con dolores de parto”. Fotografía: M. Benson (unsplash.com)

En la Palabra podemos descubrir este domingo a un Dios que tiene rasgos de partera y de sembrador. Por un lado, Dios está ayudando a la creación entera que está con dolores de parto. Como si la creación estuviera embarazada de algo que siendo ella, es absolutamente nuevo y maravilloso: verse liberada, la libertad de los hijos de Dios, la nueva creación. Y Dios se acerca a ella, en la que estamos nosotros también, queriendo y animando este parto. Dios ayuda a los que quieren nacer de nuevo, a pesar de los dolores. Dios ayuda al hermano y a la hermana que quiere ser libre, verse liberado de todo mal para vivir cara al Amor y al Bien perfecto. Puede que haya cosas, personas, situaciones, sufrimientos, acontecimientos vividos, angustias presentes o futuras, pecados cometidos que intentan esclavizar tu espíritu. Puede que incluso haya personas que no quieran o deseen a un hombre o a una mujer libre. La Iglesia no siempre ha ayudado a Dios en su tarea de dejar libres a las personas, de ayudar a ser libre a cada hombre y cada

Y salió el sembrador a sembrar porque este mundo no ha dado de sí todo lo que su creador había esperado de él. Quizás alguna vez el sembrador fue al campo de nuestra vida y encontró malas hierbas, egoísmos, faltas de solidaridad, amores demasiados chicos y una falta inmensa de fraternidad. Si Dios es nuestra partera, Él es también el que nos siembra cada día. Todos hemos visto semillas crecer poco a poco. Dios no se cansa de sembrarnos. Sabe que lo que desea de nosotros no es algo pequeño: quiere hacernos nacer de nuevo. Dios no viene cada día a ti y a mi para que sigamos siendo el mismo. Como si seguir siendo el mismo fuera el objetivo de un cristiano. Si seguimos vivos, será que todavía nos queda mucho por cambiar y amar.

"Tanto en una imagen como en otra, la partera y el sembrador, la dos cuentan con varios ingredientes comunes".  Fotografía: C. Joudrey (unsplash.com)

“Tanto en una imagen como en otra, la partera y el sembrador, la dos cuentan con varios ingredientes comunes”. Fotografía: C. Joudrey (unsplash.com)

Tanto en una imagen como en otra, la partera y el sembrador, la dos cuentan con varios ingredientes comunes. El primero es la acción bondadosa y amorosa de Dios. No nos abandona a nuestra suerte. No es indiferente a nuestra indigencia ni a los dolores de la naturaleza que claman al cielo pidiendo justicia. Pero una partera y un sembrador saben que es muy importante el tiempo, la paciencia, la delicadeza con la que mimar la semilla y la criatura que está naciendo. Si nos adelantamos o nos apresuramos por miles de razones apostólicas y/o eclesiales, podemos producir muchos abortos o echar a perder muchas cosechas. Si le ponemos faltas a la semilla que está creciendo o al niño que está naciendo demasiado pronto, no dejaremos hacer a Dios su trabajo. Y por último, las dos imágenes nos hablan –al menos a mi me lo dice, querido hermano– de libertad. No podemos nacer de nuevo si no lo deseamos con toda el alma dolida por nuestro pasado e insatisfecha con el presente. No podremos germinar si no regamos con bondad, paciencia y justicia cada día la tierra que Dios nos ha dado. No podemos llegar a ser libres más que ejerciendo la libertad igual que no aprendemos a amar más que amando. Que Dios no se canse de sembrarnos y que siga teniendo paciencia con esta criatura nueva que está naciendo aunque, como casi siempre los niños y las niñas al nacer, no seamos todo lo hermoso y bondadoso que él desea. Su Amor nos hace libres. Nuestra libertad es Su deseo.

 Ángel Viñas Vera ss.cc.

Related