Evangelio joven: «Es tiempo de elegir»

Lecturas

En el Evangelio de esta semana el Señor nos habla de división. Una división que se dará si somos fieles en vivir en Evangelio. A lo largo de nuestra vida vendrán situaciones en las que tendremos que decidir y poner todas las cartas sobre la mesa y será en esos momentos donde se muestren qué criterios han movido nuestra vida, qué elegimos cuidar, a qué le damos prioridad…y si estas decisiones implican a otros, o las confrontamos con otros, mostrarán la peculiar lógica del Evangelio: amor a los enemigos, preferencia por los débiles, entrega confiada al Padre.

Aunque Jesús no lo dice explícitamente, mientras rezaba con este Evangelio me daba la sensación de que había frenado demasiado pronto: habla del hijo, del padre, madre, suegra y nuera. Pero esta división de la que habla también será división interna. ¿Nunca has sentido que la fe te mueve en una dirección y la debilidad, la comodidad o la indiferencia hacia otro? Seguro que sí, y es que, como en toda batalla, hay que elegir bandera, hay que elegir con quién se está. Nuestro propio corazón es el lugar de ese enfrentamiento, de esa división.

Esta semana Jesús nos habla de división, y no de unión. ¿Y eso? Se trata de la división (con nosotros mismos y con los demás) que se desprende de vivir el mensaje del evangelio hasta sus últimas consecuencias.

Por otro lado, Jesús comienza hablando del fuego. Por sutil puede pasar desapercibido, pero el fuego es presencia de Dios: la zarza que habló a Moisés estaba en llamas, la columna de fuego guiaba a los israelitas, las llamas de fuego sobre los apóstoles en Pentecostés… Jesús trae ese Espíritu que incendia el corazón y sin embargo ¡cómo desearía que el mundo ya estuviese consumido por ese amor al Padre y al prójimo! Es un amor que de tanto afán que tiene por amar, desearía que ya se estuviese amando.

Quisiera acabar uniendo ambas ideas: en nuestras divisiones con los demás o con nosotros mismos -que las habrá- siempre debemos dejarnos guiar por ese fuego del Espíritu que nos habla de su presencia. Aunque nos suponga enfrentarnos, aunque conlleve mantenerse firme ante una situación difícil o los demás. “Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Rom 8,31).

Me despido dejándote un poema y una canción. Ambas son para rezar. Lo primero es un poema de San Juan de la Cruz (gran santo, poeta y místico), lo segundo una canción de Taizé, para escuchar mientras se reza.

¡Oh llama de amor viva
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
(…)

(te dejo solo el principio pero puedes buscarlo entero en Internet)

Santi González sscc

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