Evangelio joven: «Entre el desconcierto y la pena… ¡la alegría!» (2-jun)

Lecturas

Este domingo presenciamos de nuevo una de las apariciones de Jesús. La última de ellas para ser exactos, antes de la “ascensión”. Y pensando en esta palabreja extraña que celebramos hoy, trato de ponerme en la piel de un discípulo que presencia este último encuentro “cara a cara”.

Por un lado, surge la sorpresa, fruto del nuevo encuentro con el Señor. También el desconcierto por el contenido de lo que dice Jesús (que todo lo que ha pasado era necesario que así fuera). Cierto miedo también ante la invitación que Jesús me hace a continuar su misión (y más viendo los recientes acontecimientos que llevaron al Maestro a estar clavado en una cruz). Tristeza por el tono de despedida que transpiran las palabras de Jesús…

Entre el desconcierto, miedo, tristeza… ¡se abre paso la alegría de saberse testigo y enviado!

En definitiva, ante este encuentro surgen multitud de sentimientos… Imposible pasar inadvertido ante un encuentro así. Pero sin embargo no dice el texto que los discípulos estuviesen muertos de miedo o con temor de seguir los pasos de su Señor (siendo muy conscientes de las posibles consecuencias de continuar ese camino), sino que nos habla de la alegría que tienen estos después de su último encuentro con Jesús. ¿Qué posibilita esta alegría en medio de tal situación?

En primer lugar, dice el evangelio que somos “testigos de esto”. Los discípulos eran testigos de las grandezas de la vida de Jesús. No solo los milagros o momentos más llamativos, sino de la capacidad de acogida incondicional, el poder de atracción, la seguridad que transmitía, de la confianza con su Dios Padre. También son testigos de que en Jesús se cumple que tras la muerte hay nueva vida. Aunque cueste comprenderlo. Son testigos de ello.

Otro factor que puede llenar de alegría a los discípulos que escuchan a Jesús, es la infinita confianza que deposita en ellos. No les confía la misión porque no quede otra, sino porque cree profundamente en el poder de cada discípulo de llevarla a cabo. Y cuando uno siente que confían en él, aunque vea que sus fuerzas son precarias, esa confianza depositada parece que multiplica las fuerzas y la capacidad de llevar a cabo la tarea en cuestión.

Por último y como aspecto central que llena a los discípulos de alegría, está la promesa del Espíritu. Dios nos promete su Espíritu y Jesús nos confirma que esa promesa está cerca de cumplirse. De tal manera que la partida de Jesús no nos deja un vacío, sino que se ve colmada con la presencia del Espíritu Santo, que habita en el corazón de cada discípulo y le impulsa a anunciar aquello que vive. Que la muerte no tiene la última palabra sobre la vida. Que esta palabra definitiva es el Amor quien la pronuncia.

Jorge García sscc

Related