Evangelio joven: «Encontraréis un borrico» (28-mar)

Se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, y Jesús mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles:
— «Id a la aldea de enfrente y, en cuanto entréis, encontraréis un borrico atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y, si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle: “El Señor lo necesita, y lo devolverá pronto”».
Fueron y encontraron al borrico en la calle atado a una puerta; y lo soltaron.
Algunos de los presentes les preguntaron:
— «¿Por qué tenéis que desatar el borrico?»
Ellos le contestaron como había dicho Jesús; y se lo permitieron. 
Llevaron el borrico, le echaron encima los mantos, y Jesús se montó. Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante y detrás, gritaban:
— «¡Viva! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David. ¡Viva el Altísimo!»
(Mt 12, 12-16) Domingo de Ramos

En un mundo de guapos y listos, Jesús entra desde abajo, subido a un humilde borrico ¡y prestado! Salvador que entras sin avasallar… ¿de qué vienes a liberarnos?

Nos encontramos hoy con un evangelio curioso: Jesús pide que le traigan un borrico para entrar en Jerusalén. Iba a entrar en la ciudad Santa, pero también en la capital política. ¡Y lo hace montando un burro! Y, añado, además prestado. En este mundo nuestro dónde se lleva fardar y mostrar lo chulo que soy, lo guapo e inteligente y todo eso (véanse las fotos que cuelgan en las redes sociales), Jesús va y hace una entrada en Jerusalén, lejos del glamour y de la pompa: llega sobre un burro. ¿Qué querrá decirnos Jesús con semejante hecho?

Desde luego que no aquello que gritan los discípulos al final del evangelio: “Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David.” David entró en Jerusalén con todo el séquito y con el Arca de la Alianza, mostrando su poder. Jesús no. Sencillamente sobre un burro. Lo que destaca Jesús es la humildad. Él no viene a imponerse por la fuerza, ni a mostrar nada. Jesús se ofrece. Viene invitando a entrar en el Reino de Dios y lo hace desde lo humilde. Podría hacerlo en un buen caballo o en un carro, pero lo hace en un burro y que no es suyo, prestado.

Lo cristiano es ofrecer e invitar, no imponerse, ni avasallar usando la fuerza. Hubo un tiempo en que lo hicimos (las cruzadas y demás) y nos equivocamos. Nos equivocamos si queremos que los otros sean cristianos porque somos más y mejores o porque tenemos razón, o…

Lo cristiano es como el amor, se invita a amar. Con humildad, sin estruendos.

Entremos en Jerusalén, léase nuestra sociedad, con humildad, como Jesús.

Raúl Valverde sscc

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