Evangelio joven: «El Reino ¡Urgente!» (30-jun)

Lecturas

Las lecturas de hoy nos ponen ante llamadas urgentes y que cambian la vida. Hoy vivimos en la urgencia de las llamadas y mensajes que nos llegan al móvil… pero poco de esos llamados nos cambian la vida.

El evangelio hoy nos muestra a Jesús, de camino a Jerusalén. Esto le cuesta la misma vida. El texto nos dice que Jesús endureció su rostro como un pedernal para ir a la ciudad santa. De algún modo intuye que su vida entregada al servicio del Reino se consumará violentamente en la cruz.

Nos encontramos, quizás, ante las palabras más radicales del evangelio.
La misma urgencia y radicalidad que hay en su corazón, Jesús la hace sentir a los que él llama a su seguimiento. Y es que el anuncio del Reino de Dios empeña su vida entera.

La misma urgencia y radicalidad que hay en su corazón, Jesús la hace sentir a los que él llama a su seguimiento. Para Jesús el anuncio del Reino de Dios presente con sus gestos y con sus palabras, empeña su vida entera. Es un llamado urgente ante el cual incluso el deber sagrado de dar sepultura al padre, es postergado. ¿Es razonable Jesús? ¿No ha perdido la cabeza, como lo pensaban algunos de su familia? ¿Qué puede ser tan urgente que incluso dar sepultura al padre es secundario? Nos encontramos ante las palabras tal vez más radicales y exigentes del Evangelio. Nos asomamos también a lo que había en el corazón de Jesús y con lo cual se identificaba: el amor incondicional de Dios, su padre, y la búsqueda incansable de su querer por el bien de todos sus hijos e hijas. Solo un amor de esta envergadura puede exigir el dejar la familia de sangre, el renunciar al amor marital y formar una propia familia, el ir ligero de equipaje tras las huellas de Jesús y el escrutar los acontecimientos a la luz del Dios que está reinando en medio de nosotros.

Podemos pedir al Señor Jesús que allí donde sentimos que el Evangelio nos queda grande, nos dé la inteligencia y el ardor del corazón para descubrir, siguiendo sus huellas, el amor de Dios Padre. Que él sea entonces y cada vez más el centro de nuestra existencia, el fundamento sólido de nuestro actuar y el horizonte de nuestra libertad. Solo quien se deja encontrar por el Señor y hace suyas su mirada y sus criterios, descubrirá la alegría que atraviesa toda su vida, incluso en las horas oscuras y en la dificultad. Su secreto es simple: “El que pierda su vida por mí y por el evangelio, la salvará”, “Hay más alegría en dar que en recibir”. Perderse para ganar, darse más que recibir. Aquí está la aventura de la libertad según Cristo.

Alberto Toutin sscc
(publicado originalmente por la Provincia SSCC de Chile-Argentina)

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