Evangelio Joven. El que me come vivirá por mí

 

 

 

 

 

 

 

EL QUE ME COME VIVIRÁ POR MÍ

 

Un domingo más, escuchamos el evangelio tomado del «discurso del pan de vida» que Jesús dirige a sus discípulos y a todos los que le quieren escuchar. El evangelista Juan nos lo presenta en diálogo polémico de Jesús con los judíos, que se resisten a creer en Jesús.

 

 

No es fácil creer en Jesús como ese alimento capaz de llenar de vida nuestra existencia. La tentación será siempre pensar que somos nosotros solos los que podemos mejorar nuestra vida con nuestro trabajo, nuestro esfuerzo, nuestra ciencia, nuestras relaciones, nuestros medios, etc. procurando mayor felicidad y plenitud.

 

 

Evangelio Joven/Pan de vida.jpgPero Jesús insiste: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros». Jesús sabe que la plenitud de la vida no la encontramos en nosotros mismos. La propia vida de Jesús procede de Dios, y Jesús nos la trasmite a nosotros. Merece la pena vivir la vida de Jesús. Su manera de vivir, su vinculación al Padre, su relación con los demás, su servicio a los necesitados, su palabra, su amor, su entrega, su muerte y su resurrección nos muestran la plenitud de la vida humana. Por eso nos invita a alimentarnos de él.

 

 

«El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él», nos dice Jesús. A base de oírlas, estas palabras han podido perder para nosotros la fuerza provocativa que tenían para los contemporáneos de Jesús. Ellos las rechazaban porque veían en Jesús a un arrogante que se atribuía a sí mismo algo que solo le correspondía a Dios, y nosotros hemos podido convertir el acto de comer el Cuerpo y la Sangre de Jesús en un gesto rutinario y desvinculado de nuestra propia vida.

 

 

Comer y beber a Jesús conlleva que él entre a formar parte de nosotros mismos, implica que su vida se encarne en la nuestra, significa que sus valores y sus actitudes motiven nuestras opciones y nuestras acciones. Alimentarnos de su Cuerpo y de su Sangre requiere escuchar su Palabra y dejar que ésta oriente nuestra vida; supone entender que Dios es nuestro Padre, como lo entendía Jesús, y tratar de vivir como hijos de Dios; implica la pertenencia y la vinculación a la comunidad de los discípulos de Jesús; conlleva la solidaridad y el compromiso con los necesitados, entraña ser testigos de la Buena Noticia. En definitiva, comer la Carne de Jesús y haber su Sangre, hacen que Jesús entre en nosotros y nos une cada día más a él.

 

 

El evangelio nos invita a celebrar la Eucaristía como garantía de nuestra pertenencia a Jesús, alimentando en nosotros la vida que el propio Jesús nos da. Y la vida que Jesús da es vida eterna, plenitud de vida que no puede ser estropeada ni por la enfermedad, ni por las contrariedades, ni por el pecado, ni por el sufrimiento, ni por el tiempo, ni por la misma muerte. El propio Jesús nos dice «el que me come vivirá por mí». ¿Aceptamos la invitación que nos hace?

 

 

Aurelio Cayón sscc

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