Evangelio joven: «El que come este pan vivirá para siempre» (14-jun)

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
Disputaban los judíos entre sí:
«Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

(Jn 6, 51-58) Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo.
La fiesta del Corpus de este año nos invita a algo sencillo: vivir para siempre.

“El que coma de este pan vivirá para siempre” (Jn 6, 51). El Evangelio tiene una fuerza irresistible. En las encrucijadas es entrañable guía. Su resonancia es diferente según los contextos. La fiesta del Corpus de este año nos invita sencillamente a vivir para siempre.

Llevo tres meses conviviendo con hermanos ancianos en Santiago de Chile. El confinamiento nos lleva a compartir la fe de manera intensa y natural, sobre todo, en la celebración de la eucaristía diaria (hemos sido en esto privilegiados).

Ayer salí por primera vez al entierro de Mª Olga, una hermana ss.cc. muy querida víctima del coronavirus. A mi regreso, como suelo hacer algunos días que no baja a la capilla por su delicada salud, le subí la comunión a nuestro hermano obispo Javier. Él estaba muy unido a Mª Olga. Me pidió que le contara cómo había ido todo. Le conté detalladamente.

Luego, me dijo:

– Pronto me iré también.

Me salió espontáneamente una frase:

– Padre, para eso siempre hay tiempo. Tú nos estás dando un testimonio muy bonito de serenidad frente al dolor y nos hablas con tu sonrisa -porque está perdiendo casi la voz-.

Él me siguió hablando de la necesidad de afrontar la muerte para encontrarnos con el Señor. Y, al final, me tomó de la mano y expresó:

– ¡Gracias por traerme a Jesús!

Solo puedo dar gracias a Dios por mis hermanos y hermanas ancianos que viven de la Eucaristía. Sus vidas son una original procesión del Corpus.

Fernando Cordero ss.cc.

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