Evangelio Joven. El Espíritu de la Verdad

 

 

 

 

 

 

 

EL ESPÍRITU DE LA VERDAD 

 

La verdad del cristianismo tiene como centro no una idea o un sentimiento o una acción concreta sino una persona, Jesucristo el Señor. Es curioso que el cristianismo pretenda que una persona, muy peculiar por cierto, sea la verdad sobre el hombre, la historia, el cosmos, Dios y todo lo creado. Es una exageración absolutamente desproporcionada. Y, sin embargo, no parece que pueda el cristiano dejar de decirlo. La fiesta de Pentecostés nos ayuda a entrar en lo misterioso de esta frase de Jesús: Yo soy el camino, la verdad y la vida (Jn 14, 6).

 

 

Evangelio Joven/espiritu-santo_1.jpgLa verdad del cristianismo tiene espíritu. Se nos proclama este domingo que existe el Espíritu de la Verdad. Un Espíritu que puede llevar nuestro espíritu a la Verdad. Cada vez estamos más cerca de Él y cada vez se aleja para no dejarse apresar. Los creyentes de Babel quisieron unificar, ser uno, llegar a ser señores de la realidad y sus palabras. El Espíritu de la Verdad no parece que quiera inventar una nueva palabra que domine o tenga supremacía sobre las demás. El Espíritu de la Verdad da a cada uno la capacidad de que el otro le comprenda en su propia lengua. Es curioso este don. El Espíritu capacita a un individuo para hablarle al otro. Y como es a otro a quien debe hablar, es fundamental que le hable en su lengua. Todo lo que da el Espíritu es para darlo. Para darlo al otro de tal manera que el otro pueda acogerlo como Vida para él. Si la Verdad se transmite sin su Espíritu acabamos en dogmatismos, centralismos eclesiales, o culturales, o etnocéntricos. La Verdad tiene Espíritu. La Verdad se relaciona con su Espíritu. Sin el Espíritu de la Verdad no se transmite la Verdad, no llega Cristo al individuo. Sin el Espíritu de la Verdad lo que llega es la idea de Cristo del que está hablando, sea quien sea.

 

 

¿Qué podemos hacer nosotros? Intentar vivir como espíritus. Es bueno reconocer la lucha que se da en nosotros entre el espíritu y la carne. Celebrar Pentecostés es pedir con humildad al Espíritu que venga en ayuda de nuestro espíritu. Pero para ello se hace necesario saber si intentamos vivir como espíritus, es decir, como individuos únicos e irrepetibles que deben vigilar su actuación con el otro. El hombre puede vivir y tratar al otro como carne. El otro es quien mejor puede ver cómo vivimos. ¿La otra persona, sea como sea, piense como piense, sienta como sienta, ame como ame, actúe como actúe, es respetado siempre como persona, como sagrado? Vivir como espíritus es tratar al otro como el Espíritu de la Verdad nos trata a nosotros.

 

 

Evangelio Joven/espiritu santo2.jpgA Dios sólo lo conoce bien Dios mismo. El Espíritu de la Verdad es quien nos puede llevar a la Verdad. Nos puede llevar porque nosotros no lo somos. Porque nosotros, aún viviendo como espíritus que han vencido todo egoísmo de nuestra carne, no somos el Espíritu de la Verdad. Agradezcamos a Dios el no ser la verdad. Agradezcamos que ninguno de nosotros está realmente en el bando de Dios sino, como mucho, en el bando de los que luchan contra el egoísmo que habita en nosotros. Consideremos la alegría que hay que en relación a Dios siempre estemos en el error. Vivamos con humildad esta pobreza e imploremos al Espíritu que venga en ayuda de nuestro espíritu. El otro, nuestro prójimo, recibirá vida si el Espíritu vence en nosotros. El otro, nuestro hermano, podrá ver si vivimos como espíritus y si el Espíritu es el que nos da la vida, el que mata cada día en nosotros el poder de la carne y la ley.

 

¡Feliz día de Pentecostés!

 

Ángel Viñas sscc

 

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