Evangelio joven: “El dios de una serie” (8-oct)

Is 5,1-7
Sal 79
Fil 4,6-9
Mt 21,33-43

Dios ha hablado siempre de muchas maneras, pero principalmente enviando mensajeros para recordar que ser creyente, en el Dios de Jesús, es algo comprometido, serio y que no se puede hacer de cualquier manera.

Dios envía una y otra vez mensajeros que piden los frutos de Su viña.
Fotografía: A. Elmes

Los que escuchaban a Jesús no eran muy distintos a nosotros. Si llega alguien y nos dice que no hacemos las cosas bien nos molesta. Depende de lo que insista puede que se lleve nuestro desprecio o algo peor, o simplemente lo mandamos al olvido. Eso les pasaba a los mensajeros, a los profetas especialmente: los despreciaron y los quitaron de en medio porque molestaban al denunciar lo que estaba mal y anunciar un Reino que descoloca nuestras aspiraciones y nuestra manera de entender el mundo, también de entender a Dios.

Se podría pensar que si el Señor enviaba a su hijo le respetaríamos, le dejaríamos hacer y decir, aunque fuera incómodo. Nos convertiríamos, le seguiríamos de verdad. Pero ya vemos que en la parábola no salió bien parado. Tampoco él. ¿Qué podríamos esperar de Dios entonces? ¿Que pusiera a los malos que han matado al hijo en su sitio? ¿Que se vengara de ellos? ¿Que condenara a todos los que no hemos escuchado? ¿Que nos pidiera cuentas? Sería un Dios muy bueno para una serie, pero nada más.

El desechado, el despreciado, el crucificado es la piedra angular, la que sostiene la vida, la que llena de sentido la existencia, la que salva en el mejor sentido.

El Evangelio termina diciendo que el Señor envió a Jesús, que fue desechado por los arquitectos, los entendidos, los que conocen – eso dicen ellos – las cosas de Dios, los que hablan de Dios tanto y tanto. El desechado, el despreciado, el crucificado es la piedra angular, la que sostiene la vida, la que llena de sentido la existencia, la que salva en el mejor sentido. Sin ella se cae lo que construimos, se viene abajo. Todo lo que creíamos tan importante es en realidad nada o muy poca cosa.

Dios no es el personaje de una serie. No se comporta como podríamos esperar. Es quien llama para seguir cuidando mucho y con mucho cariño la viña, el Reino, el mundo. Es una buena noticia que siempre nos invita, sin cansarse, en este mucho tan lleno de malas noticias.

Nacho Moreno ss.cc.

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