Evangelio joven: «El bautismo de Jesús» (12-ene)

En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.
Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:
«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».
Jesús le contestó:
«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.
Y vino una voz de los cielos que decía:
«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

Mt 3,13-17. Fiesta del Bautismo del Señor.
Es más fácil colarse que ponerse a la cola. Pero Jesús opta por esto último: ponerse a la cola de los pecadores para ser bautizado, invitándonos así al escándalo de dejarnos renovar por Dios .

En navidad hemos visto la humanidad de Jesús, niño, débil, frágil, celebrando su nacimiento. Este niño en este domingo ya no es tan niño, ha crecido rápido, cuidado por sus padres en Nazaret. Y el pasaje evangélico nos sitúa en un momento central, que es su bautismo. Donde se enfatiza precisamente su divinidad: “Éste es mi hijo amado, en quien me complazco”. Dios Padre revela la divinidad del Hijo, justamente antes de la vida pública. Y así queda manifiesta la plena humanidad y divinidad de Jesús, el Señor, que ya nos dejó entrever San Juan: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”.

Sobre el bautismo, uno de los Padres de la Iglesia (San Atanasio) comenta precisamente esta forma al ponerse a la cola de los pecadores y dejarse bautizar por Juan. Es todo un escándalo, y Juan al comienzo no lo permite ni lo entiende (lo mismo pasará con Pedro en la última cena ante el lavatorio de pies. Jesús le respondió: «Si no te lavo, no podrás tener parte conmigo» (Jn 13,9). Con esto se refería al bautismo, a ese cambio de vida necesaria para pasar del hombre viejo al hombre nuevo.

A todo el mundo le gusta más colarse que ponerse a la cola. Y eso que dicen que en España, cuando encontramos un bar con mucha gente y otro vacío, nos vamos al que tiene mucha gente aunque tengamos que esperar, porque lo que pondrán ahí seguro que será mejor. Pues algo así es lo que hoy estamos llamados a caer en la cuenta. Renovar nuestro bautismo, vivir una conversión continua, pasar siempre del hombre viejo al hombre nuevo. Todo ello es posible porque Jesús es el Señor de nuestras vidas. Que nos marca el modo en que quiere que vivamos, que implica vivir la espera, revisarse, experimentar el perdón y saborear el encuentro.

Pero para ello hay que aprender y tener cuidado, que a veces gusta más colarse que ponerse a la cola.

Nacho Domínguez ss.cc.

Related