Evangelio joven: «¿Dónde pongo lo hallado?» (1-sep)

Lectura

En este evangelio, Jesús es invitado a casa de una de las personas más importantes en aquel tiempo. Supongo que no sería fácil para Jesús estar junto a otros fariseos, algunos de los cuales ponían en tela de juicio su modo de actuar y de hablar de Dios. No sólo eso, sino que son aquellos que más tarde pretenderán acabar con él. Pero en medio de ellos Jesús se expone, se atreve a seguir siendo cuestionado cuando observa la conducta del resto de invitados.

En el banquete los invitados se sentaban a la mesa siguiendo una categoría establecida. Los que ocupaban los primeros puestos en la mesa, en un banquete de bodas son los puestos cercanos a este, eran aquellos que tenían algún parentesco, cargos importantes, ricos o fariseos; aquellos que eran bien vistos y conocidos en la sociedad. En definitiva, se seguían unos criterios: fama, reconocimiento, poder, riqueza…

Pero este evangelio no habla de un banquete normal. El evangelista aprovecha todo lo relacionado con las comidas para hablar y asemejar el Reino de Dios a un gran banquete. Un banquete donde todos somos los invitados, el que preside es Jesús y son otros los criterios que nos acercan o nos alejan más de Jesús. Esta es una de las preguntas que Jesús lanza con esta parábola a los invitados y que puede lanzarnos a nosotros en este evangelio. ¿Qué criterios se tienen en cuentan en este Reino? ¿Qué actitudes debemos tener y cuáles son aquellas que nos acercan a Jesús en su seguimiento? 

Ella sentía que todo lo que tenía era un regalo y que estas experiencias le servían para darse cuenta de cuánto nos quiere Dios. Ella se preguntaba qué hacer con tanto cariño recibido, y sobre todo, tanto amor recibido gratuitamente.

Una de estas actitudes que se mencionan además en el evangelio es la gratuidad. Jesús no sólo se dirige a los convidados, sino también habla al que le había invitado y le dice que a quiénes no debe de invitar y por qué. El porqué es sencillo: porque entonces será pagado. Y es que Dios nos invita a amar de manera gratuita, sin esperar recibir nada a cambio.

Hubo una chica el año pasado que en un campo de trabajo compartió conmigo una de las preguntas que siempre le rondaba y que le invitaba a entregarse gratuitamente. Ella sentía que todo lo que tenía era un regalo y que estas experiencias le servían para darse cuenta de cuánto nos quiere Dios. Ella se preguntaba qué hacer con tanto cariño recibido, y sobre todo, tanto amor recibido gratuitamente. Y la respuesta era buscar cómo devolver todo lo recibido desde la gratuidad.

Alberto Gaitán sscc

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