Evangelio Joven. ¿Dónde está tu fe?

¿DÓNDE ESTÁ TU FE?

 

Ante las preciosas lecturas que la Iglesia nos propone para este domingo, cabe rescatar  la pregunta fundamental formulada por Jesús: “¿Dónde está tu fe?”. El destinatario de aquel momento fueron aquellos primeros discípulos; sin embargo, esta pregunta se nos dirige a todos, creyentes y no creyentes, y en todo momento de nuestra vida. ¿Por qué decimos que esta pregunta tiene tal fuerza? Porque la pregunta del Maestro se dirige al corazón de la existencia humana: a nuestra fe en los momentos de dificultad; es decir, a la posibilidad de mantener nuestro amor por Dios y por los demás cuando parece que somos abandonados (tanto por nuestro Dios como por el prójimo).

 

Todo ser humano ha debido enfrentar en algún momento de su vida una situación de dolor: el sufrimiento en la familia; las disputas y desengaños con los amigos; los estudios quizá fueron mal; tal vez algún trabajo en el que los primeros días fueron enormemente difíciles… Digámoslo de otro modo: la cruz y el sufrimiento forman parte esencial de nuestra vida. No es posible una vida humana en la que no exista el dolor (en cualquiera de sus modos). Teniendo en cuenta esto, notemos que la situación en la barca, en la que Jesús y sus discípulos navegan, es muy peculiar. Para los judíos (y los discípulos y el propio Jesús lo eran) el mar representaba y encarnaba el mal. El mar era para ellos lo desconocido; aquello que esconde una violencia infinita.

 
La barca, como bien leemos en nuestro pasaje evangélico, está sumergida en el mal: desde arriba le llega un fuerte vendaval; a su pies, el inabarcable mar que esconde un sinfín de males. Dicho en una palabra, están rodeados de mal. No hay escapatoria. En este punto se entrecruzan el Evangelio y la primera lectura. Job, como bien sabemos, es el hombre bueno que, de un zarpazo, quedó despojado de sus bienes, de su salud y de su fama; es decir, quedó rodeado de mal, como los discípulos en aquella noche de navegación con el Maestro. Ante ello parece que Jesús duerme y calla. ¿Qué supone entonces la pregunta acerca de nuestra fe con la que comenzábamos? Jesús nos pregunta por nuestra vida: ¿Seguiremos creyendo cuando el sufrimiento físico nos llegue? ¿Seguiremos amando cuando seamos traicionados? ¿Seguiremos teniendo esperanza cuando fracasemos en nuestros proyectos?… Si creemos en Jesús, la lectura evangélica de hoy es una llamada a la confianza en Él, aunque Él calle ante nuestras dudas y miedos, o eso nos parezca. Además, nos ayuda a mirar nuestros momentos de tempestad, los que fueron y los que serán, a la luz de la paciente compañía de Jesús.

 

Un último apunte que quizá nos ayude a profundizar en las lecturas leídas. La barca ha sido entendida como la Santa Madre Iglesia. Solo la Barca nos permitirá cruzar este pequeño mar (nuestra vida), a pesar de todo mal, porque vivimos con la certeza de que Jesús nos acompaña, aunque parezca que duerma y calle. Él contiene el poder que hace acallar al indomable viento y lluvia que inesperadamente azota nuestros días e ilusiones. Por eso podíamos decir que “ha llegado lo nuevo”, como decía la carta a los Corintios de este domingo. Lo nuevo es que ha llegado la misericordia de Dios en la persona de Jesús. Misericordia de Dios que se manifiesta en su acción y su compromiso con cada uno de nosotros. Nos salva porque su misericordia es eterna. Eterna significa que no pone condiciones. Que siempre estará esperándonos.

 

José Manuel Rodriguez sscc

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