Evangelio joven: “De «Saber y ganar» a «Saber y perder»” (3-sep)

Jer 20,7-9
Sal 62
Rom 12,1-2
Mt 16,21-27

Fotofrafía: A. Burden (Unsplash).

Fotografía: A. Burden (Unsplash).

Después de la gran pregunta (“¿Quién decís que soy yo?”), el Maestro comienza a manifestar con claridad que su camino hacia la resurrección pasa por el sufrimiento y la muerte. Es el primer anuncio de la Pasión, al que sigue una reacción de incomprensión por parte de Pedro. Esa manera espontánea del Apóstol, puede ser también la nuestra en una sociedad alérgica profundamente a verbos como padecer, sufrir, morir… ¡Eso parece no ir con nosotros! ¡Menuda ocurrencia la de Jesús! Con la de posibilidades y caminos que tenía, va y coge, precisamente, el del padecimiento. ¡Menudo trastoque! Pedro no le entiende, el pobre. Nosotros después de veintiún siglos tampoco. Esto parece que toca el ADN de la humanidad.

Sin embargo, si nos dejamos llevar por el mensaje de Jesús, si nos empapamos del Evangelio, si vivimos la Eucaristía en sentido de donación, si la oración puebla nuestra vida se va dando un lento cambio en nosotros. Un cambio sustancial.

Descubrimos que una exigencia obligatoria para todo el que quiera seguir a Jesús es negar lo que anula su identidad de cristiano y lo que bloquea la voluntad de Dios en la propia vida. Nos encontramos aquí con la paradójica sabiduría de la cruz y la singularidad de una pérdida que es, para nosotros, la mayor ganancia. En el juego del “perder para ganar” entramos en confrontación con las leyes del mundo: “ganar y ganar”. No se gana desde el yo y la búsqueda de los intereses y satisfacciones personales. Se gana desde el abrazo de la cruz, la pérdida de tiempo y energía a favor del Reino, de los hermanos, de una humanidad justa y reconciliada. A los cristianos no nos interesa ganar el mundo, si por ello entendemos buscar el éxito compulsivamente, el dinero con avidez, el poder por encima de todo, con medios que justifican fines que son inmorales y vergonzosos. Mejor, siempre, abrazar el misterio de la Cruz.

Podemos pensar que el éxito es la vía para medir la felicidad: en el trabajo, en los estudios, en la amistad… Hay personas que viven enmarañadas en clasificaciones, tipologías, comparaciones… Mirar el misterio de la Cruz nos libera de las patologías del ego y, en el fondo, nos hace más grandes, porque amando, perdonando, desde los últimos, es como se renueva el ambiente de la humanidad, que hacemos entre todos: tú, yo, tu hermano, nuestros padres, los vecinos de arriba…

Imagen conclusiva de "Saber y Ganar" de TVE.

Imagen conclusiva de “Saber y Ganar” de TVE.

El conocido programa “Saber y ganar” subraya el premio a la cultura, a la inteligencia, a la memoria, al cálculo matemático… En cristiano sería “Saber y perder”, porque perdiendo es como se gana la gran amistad con Jesús. Perdiendo poder, perdiendo intereses, perdiendo sueños de posibilidades encontradas con las bienaventuranzas del Reino. Ese es el juego de Jesús, porque jugar también es vivir al estilo del Maestro.

Fernando Cordero Morales ss.cc.

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