Evangelio joven: “Dame tu mirada” (11-nov)

Seguimos leyendo el Evangelio de Marcos. En la segunda parte del fragmento de hoy nos encontramos con la escena en que la viuda pobre echa dos moneditas en el tesoro del Templo, ocasión que propicia un comentario de Jesús con una clara intención de convertir la mirada y el corazón de sus discípulos.

La capacidad de Jesús de mirar más allá le hacen descubrir, este domingo, la confianza exagerada de esta viuda pobre.

Con frecuencia nos encontramos en los Evangelios con la alusión explícita a que Jesús está mirando, viendo, observando…, como en el de hoy. Podríamos considerar que si quitamos estos verbos de la narración no pasaría nada, pues es evidente que, si Jesús hace un comentario de algo o de alguien, es porque lo ha visto.  Pero, quizá aparecen para subrayar que la mirada que Jesús tiene es distinta a la mirada que tienen el resto de personajes que hay en la escena. Estas diferentes miradas suponen diferentes valoraciones. En el texto de hoy no se dice, pero con frecuencia junto a la indicación de que Jesús percibe algo o a alguien, se señala que Jesús se compadece o que está lleno de misericordia. Sentimientos propios de Dios en el AT y que le mueven a actuar, a liberar, a salvar.

Quizá tenemos gastados muchos textos del Evangelio y “sabemos la respuesta correcta”. Tal vez un ejercicio que podríamos hacer, al hilo de este texto, sea pararnos a reflexionar si la valoración, si los sentimientos que nos provoca un acontecimiento, una situación o un comportamiento de una persona serían los mismos que Jesús tendría. Este texto puede ser una ocasión para pedirle a Jesús que nos dé un corazón y una mirada como el suyo.

En segundo lugar, este texto también me cuestiona en otro sentido. Doy de lo que me cuesta (tiempo, dinero, capacidades…) o de lo que me sobra. Doy de lo que  me complica la vida o de lo que me resulta agradable, me hace sentir bien o me produce una pronta y satisfactoria experiencia. No es la cantidad lo que valora Jesús, sino la generosidad y la entrega. Jesús no me pide más de lo que puedo, pero sí valora que me entregue, que me gaste. Esta mujer da de lo que necesita para vivir. Cabría la pregunta sobre si doy de lo mío o me doy. Ser cristiano supone complicarse la vida, implicarse…, no simplemente hacer algo, por muy bueno que sea, y que a veces no tiene ni relación con el resto de mi vida. Jesús se dio y eso es lo que recordamos en la Eucaristía.

Podemos recordar, al hilo de todo esto, lo que dice la Plegaria eucarística Vd:

“Abre nuestro ojos para que conozcamos las necesidades de los hermanos; inspíranos las palabras y las obras para confortar a los que están cansados y agobiados; haz que los sirvamos con sinceridad, siguiendo el ejemplo y el mandato de Cristo.”

Y en este fin de semana en que celebramos el Día de la Iglesia Diocesana, al contemplar a esta pobre viuda echar dos moneditas en el Templo, cabría preguntarse qué necesita la Iglesia de mí, qué necesita mi parroquia, qué puedo hacer por ella. Puede que pienses que no estás preparado para dar catequesis o coordinar un voluntariado, que no tienes tiempo para colaborar en el coro, que ya habrá otro que acompañe a un grupo a una convivencia, que para lo que puedes colaborar con la colecta no merece la pena… Lo que puedas aportar ayuda a sentirnos miembros de la Iglesia y a participar en su misión.

Por último, podríamos resaltar la confianza que tiene esta mujer. Puede incluso parecer imprudente. Su confianza en Dios le hace dar lo que tiene. Por tanto, esta mujer cuestiona cómo andamos de confianza. A su manera, ejemplifica las palabras de Jesús “buscad el Reino de Dios y lo demás se os dará por añadidura”.

Francisco Cruz Rivero sscc

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