Evangelio joven: «Curó a muchos de sus males» (7-feb)

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron:
«Todo el mundo te busca».
Él les responde:
«Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido».
Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.
(Mc 1,29-39) Domingo 5º de tiempo ordinario.

Jesús no evita el sufrimiento: lo enfrenta en cada persona que sufre y le busca. Y no hace magia para curar, sino que da sentido profundo al sufrimiento y abre a la esperanza. ¿Nos apuntamos?

En la escena del Evangelio vemos a Jesús primero con la suegra enferma de Simón, y después con muchos enfermos y endemoniados. Jesús cura y libera de males porque quiere dar una palabra de esperanza ante el sufrimiento y el dolor. Jesús no lo evita, no mira hacia otro lado. Lo enfrenta en cada persona que sufre y le busca. Jesús no hace magia para curar, sino que da sentido profundo al sufrimiento y abre a la esperanza, que en esa situación es difícil encontrar.

En la primera lectura Job dice “corren mis días más que la lanzadera, se van consumiendo faltos de esperanza”. Su dolor es mayor, porque la gente cercana le dice que su situación se debe a que algo habrá hecho mal, Dios le castiga con el dolor y está en su contra.

Jesús lucha contra esa idea constantemente. Dios no produce ni quita el mal, el sufrimiento es parte de la vida. Por qué Dios me manda esto es una mala pregunta. Jesús seguramente cansado de compartir el dolor de los que tiene delante, se va a rezar, seguramente también para encontrar el sentido profundo del Dios bueno que nos da la vida y la sustenta, aunque a veces nos parezca que no. La pregunta se puede transformar en ¿cómo puedo amar más, incluso en mi situación? ¿Qué puedo hacer por ti?

Hoy vemos mucha gente sufriendo alrededor, muy cerca. Muchas personas han muerto, otras sufren la enfermedad y otras se quedan sin nada, y tantas sin esperanza. Es un momento de ofrecer, como Pablo, el rostro de Jesús. Si no anunciamos el Evangelio ¿qué hacemos entonces? Todo el mundo te busca, le dicen a Jesús. Y él sigue hacia otros lugares, a seguir hablando del amor de Dios, a anunciar el Evangelio, “que para eso he salido”. También nosotros podemos salir de nuestras incertidumbres, vacíos y, sobre todo, de nuestros miedos.

Nacho Moreno sscc

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