Evangelio joven: “Corazón partío” (17-sep)

Eclo 27,33-28,9
Sal 102
Rom 14,7-9
Mt 18,21-35

Hace ya 20 que Alejandro Sanz compuso la canción “Corazón partío” en la que el cantautor madrileño nos preguntaba: “¿Quién me va a curar el corazón partío?” ¿Os acordáis? El deseo de reconciliación brotaba a raudales de la garganta de este hombre herido, mendigando tiritas y gestos sencillos de amor y compañía.

Leyendo el Evangelio de hoy también me imaginaba nuestras relaciones como una historia de corazones rotos y recompuestos, corazones deseosos de reconciliación y de detalles de acogida cotidiana. Somos muchas veces “corazones partíos” que, después de tantos días a cuesta, descubrimos que de caídas y manos que nos levantan “no hay dos sin tres”. ¡Y hay que ver cuánto nos cuesta esto del perdón, a pesar de ser tan útil en el día a día! ¡Cuántos enquistamientos, rencores, frialdades! ¡Tantos tejidos de comunión que se deshilachan, como si no nos hubieran enseñado nunca a tejer con los hilos de la compasión, o a conocer que el que te hiere hoy te cura mañana, y que aquí paz y después gloria! Por eso Pedro, que estaría ya buscando tiritas, cansado de relaciones fraterna complejas por decir algo, le pregunta a Jesús en el evangelio cuál es límite del perdón.

"Pedro, que estaría ya buscando tiritas, cansado de relaciones fraterna complejas, le pregunta a Jesús en el evangelio cuál es límite del perdón."

“Pedro, que estaría ya buscando tiritas, cansado de relaciones fraterna complejas, le pregunta a Jesús en el evangelio cuál es límite del perdón.”

Jesús le dice esa frase famosa de “hasta setenta veces siete” que es algo así como “siempre”. ¿Y es posible perdonar siempre?, reflexionaría Pedro. Entonces Jesús, experto en el arte de los imposibles, les cuenta una parábola para mostrarles cómo es posible que el corazón no se nos caiga a pedazos en el follón de las relaciones.

"¡Señor, cúranos el corazón partío!"

“¡Señor, cúranos el corazón partío!”

La propuesta principal de Jesús es esta: “Si Dios te ha perdonado tanto, ¿por qué no vas a perdonar tú tan poca cosa?” Comparado con lo mucho perdonado por Dios, ¿crees que Dios te pide mucho cuando te pide perdonar siempre? ¡Venga ya hombre, abre los ojos!, quien experimenta el perdón de Dios, sabe que la compasión es posible y que la pregunta de quién nos va a curar el corazón partío tiene respuesta. Por eso quien no sabe perdonar a su hermano, es que no se ha dejado amar por Dios, así hablando en román paladino.

Los sabios de Israel ya lo decían (date cuenta de esta frase en la primera lectura): Si un ser humano alimenta la ira contra otro, ¿cómo puede esperar la curación del Señor? ¡Señor, cúranos el corazón partío, curando primero el corazón de quien nos ofende con el bálsamo del perdón y la compasión!

José Luis Pérez ss.cc.

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