Evangelio joven: Conviértete a la alegría (24-dic)

Sam 7,1-16
Sal 88
Rom 16,25-27
Lc 1,26-38

Vamos terminando el Adviento, por lo que nos encontramos a las puertas de la Navidad. Todos sabemos que al Adviento corresponde una actitud de conversión. Que en un primer momento tendemos a entender en un sentido moral o de conducta, pero que quizá en este sentido sea como consecuencia de una conversión más profunda, sin la cual queda en mero voluntarismo y con escasa permanencia en el tiempo.

“Quizás la verdadera conversión tenga que ver con alegrarnos” Fotografía: R. Collins.

En este domingo la liturgia nos ofrece el Evangelio de la anunciación, que todos conocemos, en el cual aparece María. Ella es modelo para el cristiano, así nos la presenta la Iglesia. Y en este tiempo creo que especialmente hacemos bien en estar atentos a ella para que, uniéndonos a su espera, la nuestra sea más verdadera y profunda.

Normalmente, destacamos de María en esta escena sus palabras últimas de disponibilidad. Tal vez, para adentrarnos en su riqueza, deberíamos contextualizarlas en todo el diálogo anterior.

El ángel, ante su aparición y su mensaje, pide a María que se alegre y que no tenga miedo. ¿Tristeza y miedo es lo propio de quien se encuentra ante Dios, de quien se pregunta qué quiere Dios de él? Con frecuencia podemos movernos en estos parámetros. Quizá la auténtica conversión tenga que ver con abrir el corazón a la presencia de Dios, con acoger su Palabra, con confiar en Dios, con no tener miedo, con alegrarnos porque descubrimos que Dios quiere estar con nosotros…

Es significativo que, conforme avanza el tiempo de Adviento, la alegría se va haciendo más presente, adquiriendo protagonismo, casi desbordante, para estallar en el día de Navidad en el que volvemos a cantar el gloria.

De hecho, en la liturgia de los días previos escuchamos la narración de la visitación de María a Isabel, con las palabras de ésta, la expresión de alegría de Juan, el bautista, en el vientre de su madre y las palabras de María. Pareciera como si ambas necesitasen expresar y compartir la alegría que les desborda el corazón.

¿Llego al final de este tiempo con un corazón esperanzado, gozoso, alegre… por el nacimiento de Jesús, de mi redentor y salvador? ¿Tengo algo realmente que celebrar más allá de cómo me vayan las cosas en el día a día de mi vida?

“Quizás la conversión tiene algo que ver con respetar el misterio de Dios y sus maneras, con dejar siempre que nuestra compresión de Dios y de sus caminos no esté cerrada, con dejarnos sorprender y con buscar con más autenticidad el rostro de Dios”… como María.
Fotografía. N. Silliman.

Ante el anuncio del ángel, María se pregunta cómo será posible. Dios desborda lo que ella puede prever. Ella está abierta a descubrir las maneras que Dios tiene de actuar y, por tanto, de ser. Tal vez la conversión tiene algo que ver con respetar el misterio de Dios y sus maneras, con dejar siempre que nuestra compresión de Dios y de sus caminos no esté cerrada, con dejarnos sorprender y con buscar con más autenticidad el rostro de Dios.

¡Ojala el tiempo de Adviento nos deje un corazón abierto, acogedor, esperanzado, alegre y disponible para vivir el nacimiento de Jesucristo como una fiesta, como un regalo y un don! ¡Ojalá la Navidad no sea simplemente una fecha del calendario que llega y nos provoca una emociones efímeras y pasajeras, sino que nos hayamos preparado y dispuesto para que el nacimiento de Jesús, celebrado a través de la liturgia, nos haga experimentar que Dios está con nosotros y nos salva, llenándonos de esperanza y alegría!

Francisco Cruz Rivero sscc

Related