Evangelio joven: «Confiar y ser pacientes» (13-nov)

Mal 3,11-20
2Tes 3,7-12
Lc 21,5-19

Está terminando el año litúrgico. El año litúrgico es el ciclo temporal marcado por la celebración de lo que significa Jesús para nuestras vidas. Tiene cinco estaciones: espera del nacimiento de Jesús, que es el Adviento, celebración de ese nacimiento, que es la Navidad, preparación para celebrar la Pascua de Jesús, que es la Cuaresma, celebración de esa Pascua, el tiempo de Pascua,  y el tiempo en el que vamos celebrando la vida de Jesús, sus enseñanzas, sus signos de vida y verdad, el seguimiento de sus discípulos, lo que llamamos el Tiempo Ordinario.

Jungwoo Hong (www.unspash.com)

Jungwoo Hong (www.unspash.com)

Al terminar el año litúrgico, la Palabra de Dios se fija de forma especial en asuntos que tienen que ver con el tiempo que va pasando. Hoy en día estamos muy pendientes del presente, nos olvidamos con mucha facilidad del pasado, que parece no interesarnos mucho y del futuro, sobre todo el más lejano, parece que es mejor no pensar mucho.  Sin embargo la Biblia tiene muchas referencias a la historia y mira tanto hacia atrás como hacia delante. No se encierra en el presente, tiene una mirada amplia. Saca lecciones del pasado y también busca entender lo que está por venir.

Hay un género literario en la Biblia que se llama género apocalítptico. En realidad la palabra apocalipsis es una palabra griega que quiere decir revelación, es decir descubrir lo que está oculto. Es un género que mira al futuro.  Este género tiene un peligro muy grande y es el de quedarse con las imágenes, los símbolos y las formas que adopta que, a veces, están cargados de dramatismo e incluso de terror. Tanto es así que el sustantivo apocalipsis o el adjetivo apocalíptico han quedado como sinónimos de final catastrófico y desastroso.

El Evangelio de hoy, en realidad en parte es del género apocalítptico y en parte hace referencia a sucesos reales que se han dado ya cuando el redactor escribe estos párrafos.  Ante textos de este tipo es importante no perderse en los detalles y dejarse sorprender o incluso atemorizar por algunos de sus aspectos. No es esa la intención del texto evangélico.

Es tiempo de esperar y de confiar. (c) Fotografía de  Murray Campbel (www.unspash.com)

Es tiempo de esperar y de confiar.
(c) Fotografía de Murray Campbel (www.unspash.com)

Ante las preguntas que le hacen a Jesús sus discípulos sobre el futuro, el Maestro les invita a dos cosas muy importantes para todo discípulo de Jesús, por tanto para todos nosotros: la confianza y la paciencia.

En el trascurso de nuestras vidas pueden ocurrir muchas cosas, unas serán agradables y otras duras y difíciles, como son los rechazos, las críticas injustificadas, incluso la persecución por vivir el seguimiento de Jesús. Ante todo eso Él nos invita a confiar, a saber que siempre contamos con la fuerza de su Espíritu que no nos deja y que nos va a ayudar a superar todos esos problemas, siendo fieles a Él.

La paciencia no parece que sea una virtud muy apreciada, algunos dicen que es la virtud de los débiles, porque parece que, como no puedes hacer otra cosa, te reduces a aguantar. No, no es eso la paciencia, no es simplemente no saber hacer otra cosa que aguantar. La paciencia a la que nos invita el Evangelio es una paciencia activa. No se trata tanto de aguantar como de ser constantes en esa actitud de confianza que acabamos de mencionar. El evangelio de hoy nos dice que Jesús nos invita a estar firmes y así salvar la vida.  Por tanto, nos invita a una paciencia que significa perseverancia, confianza, apuesta decidida, firmeza en las convicciones. Quien se mantiene así en esta vida recibirá el gozo de la vida plena. Porque Dios conduce la historia hasta su plenitud.

Enrique Losada ss.cc.

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