Evangelio joven: «¡Bienaventurados!» (1-nov)

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».
(Mt 5,1-12) Domingo 31º de tiempo ordinario

En la fiesta de todos los santos, reconocemos como familia a aquellos que han vivido a fondo el evangelio. Ellos, de carne y hueso como nosotros, nos muestran que es posible… ¡y que vivirlo les hecho felices!

Celebramos hoy en la Iglesia el día de todos los Santos, ¡y qué acertado el Evangelio de hoy para eso! Hoy es un día muy necesario en nuestro mundo con todo lo que vive, pero no podemos olvidar acompañarlo de este evangelio que ilumina con mucha lucidez a qué llamamos ser santo.

Hoy como familia, reconocemos a aquellos que han vivido con radicalidad el Evangelio. Hombres y mujeres que han vivido, o viven, desde su fragilidad confiando en Dios; serenos en sus luchas; que lloran con los que lloran; buscadores de la justicia; capaces de mirar con ternura las heridas de los otros; transparentes en sus acciones; luchadores por la paz; perseguidos en nombre del bien.

Es un día para estar alegres por tantos hermanos y hermanas que en lo cotidiano de cada día y en cada momento de la historia, han seguido los pasos de Jesús y han ido haciendo del Reino algo posible de muchas maneras en su contexto, pero siempre entre la gente y con la luz de este Evangelio.

Sin duda es una invitación a poner los ojos en este modo de vida que hoy se nos propone, porque, aunque ambicioso, sabemos que es posible vivirlo porque otros como nosotros, de carne y hueso así lo han hecho. Y les ha proporcionado el mejor regalo del mundo: ser bienaventurados, ser felices.

¿Y tú? ¿Quieres ser feliz?

Bea García sscc

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