Evangelio joven: «Bendito cansancio» (9-jul)

Zac 9,9-10
Sal 144
Rom 8,9.11-13
Mt 11,25-30

Estamos en época estival y muchas personas buscan el descanso.  El calendario escolar sigue influyendo en muchos sectores de la sociedad y parece que el ambiente y el cuerpo pide descanso o cuando menos, cambio de actividades. El mercado lo sabe y –no solo en verano- busca ofrecernos “alternativas de ocio” más o menos lejanas. Tienen éxito las empresas que nos ofrecen esas “veraniegas y refrescantes experiencias”. Mucha gente no sabe que hacer con el tiempo libre y le angustia no tener algo que hacer o que le asalte el silencio que podría evidenciar que estás un poco solo.

Es bueno y legitimo descansar. El cerebro que repite los mismos mecanismos, el cuerpo que ejercita las mismas rutinas, pierden creatividad, frescura y ánimo. El descanso es además merecido para quien sin revisar todos los días su vida, va cumpliendo su deber, sus objetivos en la sucesión gris de la vida pero que son  realmente quien “saca las cosas para delante”.

Pero hay algo que no solo te da descanso sino serenidad y estabilidad interior: estar donde tienes que estar. A una madre le pueden dar tiempo para divertirse o tener ocio pero si su niño está en el hospital a punto de operarse ese “descanso” no le serena ni descansa; es más : le desgasta. Encontrar tu lugar en el mundo –como decimos entre nosotros- hace que unas veces tengas que trabajar mucho y otras menos pero te tranquiliza saber que te desgastas y entregas , te des-vives en aquello que te da vida.

Fotografía: K. Ryan (unsplash.com)

Fotografía: K. Ryan (unsplash.com)

Lo que ocurre es que en cristiano “tu lugar” no es del todo tuyo, sino de Dios que te ofrece tu vocación y tus lugares como don libre pero no superfluo. Vivir donde se encuentra Dios y donde El quiere encontrarse contigo hace que uno no mida la vida comparándose con el éxito de otros o con más o menos faena, con más o menos prestigio. Más bien uno descansa por estar donde uno puede convivir con Él.

Quien toma sus decisiones de entrega –a quién amar, dónde vivir, por quien morir…- sin Dios, pretende en el fondo tener un proyecto que no cuenta ni con su principio ni con su fin; que no se incluye en el proyecto global de Jesús; que vive como si él fuera su propio Dios y conociese bien lo que le va a dar vida y salvar. Solo acompañar a Dios en este mundo, estar donde te quiere, te da la serenidad y el descanso de no ser el que lo controla todo, el que mantiene tu pequeño universo y estar con los que Él te designa como presencia a acompañar.

El que encuentra su lugar con Dios, hace que su trabajo no le disminuya sino que le ayude a crecer en su vida cotidiana;  su descanso es contemplar que la viña es de Dios y a él le toca repasar y terminar la jornada.

Por eso Cristo al cansado le propone ¡¡cargar con un yugo!! ¡¡Tirar de una carga!! Y encima la suya que pesa como una cruz de madera recia. Es el que nos pide acercarse a Él que no es un allegarse físicamente sino poner tu corazón al ritmo del suyo: alegrarse con él, sufrir con él y descubrir desde el evangelio qué es verdadera alegría o fracaso, verdadero éxito o pesadumbre y tomar tu vida como “tomar parte en los trabajos del evangelio”. Cuando estás en tu sitio con Jesús todo puede soportarse. Cuando no estás con Él, todo percance es un desasosiego, todo lo que no me llega inmediatamente es un fracaso y ni estamos a gusto en nuestra piel.

Dios nos espera para liberarnos, descansarnos y sostenernos. Solo requiere que te acerques a él, que le lleves tu corazón en la verdad. Te abrazara y te dará descanso; merecerá la pena cansarte y des-vivirte cada día en su amor.

Silvio Bueno ss.cc.

Artículo posterior

Convivencia Los Pozos 1

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