Evangelio joven: «Ángeles de la Resurrección» (21-abr)

Lc  24,1-12

Lucas cuenta lo que sucedió el primer día de la semana de forma muy parecida a Marcos y Mateo. Algunas mujeres habían seguido a Jesús hasta la cruz y, habiendo visto donde lo habían sepultado, después de haber guardado el descanso del sábado, fueron a su tumba con perfumes para ungirlo. Al llegar, el sepulcro estaba extrañamente abierto y se les aparecieron dos ángeles.

Fijémonos en este encuentro. De los ángeles se nos indica solo que tienen vestidos como de “relámpago”. No nos dan más detalles porque lo importante es su función, es decir, ser mensajeros de Dios. En Lucas, los ángeles aparecen solo en las escenas del nacimiento de Jesús y, ahora, en su Resurrección. Las mujeres al verlos tienen miedo, como lo tuvieron en su momento María y los pastores. Pero, como al inicio del Evangelio, aquí también, el miedo deja inmediatamente lugar al anuncio de la Buena Noticia de parte de Dios: ¡Jesús ha resucitado!

«Ángel» significa en griego mensajero, testigo… Y en este evangelio quizás Lucas nos recuerda que todos podemos ser anunciadores de la Resurrección.

Es curioso que Lucas no hable propiamente de “ángeles”, sino de “dos hombres”. Marcos, narrando la misma escena, refiere que el que daba el mensaje era “un joven”. Solo Mateo especifica que se trata de “un ángel”. ¿Qué significado tiene esta ambigüedad? ¿Por qué Lucas no les llama “ángeles” como había hecho en otros lugares? ¿No será porque, si la verdadera y última fuente del mensaje es Dios, quiere dar a entender que el mensaje de la Resurrección puede ser anunciado por cualquiera? Si miramos nuestra historia, reconoceremos que hemos recibido, y seguimos recibiendo, la Buena Noticia por parte de muchas personas y de muchas maneras. No es necesario que sea pronunciada una fórmula exacta para llevarnos a creer en la Resurrección, porque hay otros discursos y obras que nos comunican lo mismo.

Personas que se esfuerzan en ser honradas, cuando muchos a su alrededor no lo son, proclaman que Jesús vive. Aquellos que buscan hacer su trabajo de la mejor manera posible, aunque no tengan un reconocimiento inmediato por ello, testimonian que Jesús ha resucitado. Aquellos que, en la oración y en la lectura de la Palabra, recuerdan que, a pesar de todo, Dios se ha implicado definitivamente en favor de este mundo; aquellos que pagan los impuestos, aunque muchos a su alrededor no lo hacen; aquellos que buscan aliviar una pequeña porción del sufrimiento de alguien, aunque sean conscientes de que no lo van a resolver todo; aquellos que, como educadores, buscan el bien real de los jóvenes que les son confiados, a pesar de todas las dudas; aquellos que siguen intentándolo, después de haber caído una y mil veces, son testigos de Cristo Resucitado.

Damiano Tonegutti sscc

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