Evangelio joven: “Alégrate, el Señor está contigo” (8-dic)

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
Y la dejó el ángel.

2º Domingo de Adviento. Fiesta de la Inmaculada.
Comenzamos con María la espera del Dios que viene… ¿cómo acoger semejante noticia? ¿Un Dios a quien esperar, a quien dar a luz, a quien hacer hueco porque no se impone?

Alégrate llena de gracia, el señor está contigo. Podríamos decir que el Adviento comienza con esta invitación a la alegría, en el momento en que María recibe este extraño saludo que es a su vez invitación. Alegrarnos porque estamos habitados, llenos de gracia, porque el Señor está con nosotros. Este es el anuncio, la gran y buena noticia. Que viene, que está, que nos llena en medio de tanto vacío, tanto sin sentido, tantas huidas… Él viene, y además se queda. ¡Qué alegría!

Sin embargo… ¿cómo acoger semejante noticia? ¿Un Dios que hijo del Altísimo se abaja, se encarna en una mujer cualquiera de un pueblo pobre y a la cola de las grandes ciudades de la época? ¿Un Dios a quien esperar, a quien dar a luz, a quien hacer hueco porque no se impone?

Precisamente. Así es Dios, siempre sorprendente, siempre libre, que siempre cuenta con nuestra libertad.

Podemos acogerle o no, podemos exponerle nuestras dudas y preguntas: ¿cómo será eso? Y es que el ángel le dijo a María que el Altísimo le cubriría con su sombra. Y bien intuyó ella que un altísimo que se abaja supondría también su propio abajamiento, la sombra del no entender y no controlarlo todo.

Por eso fue María la escogida y no otra… Porque ella nos habla de los modos de Dios, del riesgo de alegrarse con una alegría distinta, que se gesta en lo profundo, en las entrañas de nuestro mundo, en lo pequeño, en lo aparentemente nada… Ella nos muestra el camino apasionante de la humildad y la libertad… Pues María consiente y dice sí a esta alegría, a esta gran y buena noticia de que Dios viene. Viene y, además, se queda.

Gema de Paz sscc

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