Espera, no desesperes

 

Introducción

Como de sobra sabes… es tiempo de Adviento.
En nuestro mundo de hoy, lleno de propuestas vacías, corremos el riesgo de que el Adviento y la Navidad queden aplastados por montañas de paquetes del hipermercado de turno. Todos venimos “de vuelta” y nos parece que esto no es más que “lo de siempre”. Seguro que piensas: “Muchos buenos deseos pero al final, todo sigue igual”.

Sin embargo… el Adviento puede ser un tiempo de novedad, especial, distinto de cuanto has vivido en este año, ya viejo.

No celebramos una tradición vacía, ni siquiera una memoria de algo que pasó hace mucho tiempo. Dios nos lo ha prometido: su Hijo va a nacer realmente este año. Jesús viene para ti… si tú quieres.

¡Reza con esta promesa de Dios! Si prestas atención, no dejarás de oír estas pocas palabras a tu alrededor, hasta que se cumplan el 25 de diciembre:

Isaías 43, 18-19
No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo.

Reflexión

Ante la rutina y la vida en superficie que muchas veces arrastramos, nos brota esa sensación de que “nada tiene remedio”… se llama desesperanza. Lee ahora la invitación del Papa Francisco y dirígete a Jesús con las sencillas palabras que propone:

Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque «nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor». Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos. Éste es el momento para decirle a Jesucristo: «Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores». ¡Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido!

Exhortación Evangelii gaudium, 3.

La gran figura del Adviento es María: ella es la persona que nos muestra que, ciertamente, Dios cumple su promesa. Empápate de sus actitudes… María es la mujer que quiso prometer a Dios “que en tu querer viviría hasta morir”.

La promesa (Cristobal Fones)

 

¿Qué fue, Señor, lo que ayer sucedió?
Vi a un ángel que mi casa visitó:
“No temas, María, el Señor está en ti;
de tus entrañas Dios quiere nacer”.
Mas, ¿cómo en mí puede esto ocurrir?
y me dijo: “Ten fe, Dios todo lo puede hacer”.

Señor, me es difícil comprender

lo que en mí tu querer me propone vivir.
Mas un tiempo atrás te quise prometer
que en tu querer viviría hasta morir.

Sólo ayer, Señor, estaba en Belén
con Jesús recién nacido entre mis brazos.
Sólo ayer, Señor, estaba en Nazareth
con Jesús hombre, hijo y amigo,
y hoy, Señor, estoy en Jerusalén
con Jesús que en mis brazos descansa en su morir.

Señor, me es difícil comprender
lo que en mí tu querer me propone vivir.
Mas un tiempo atrás te quise prometer
que en tu querer viviría hasta morir.

Hoy en su gloria mi Señor ha vuelto a vivir
y en su bondad me ha querido visitar,
y me ha dicho: “Mujer, recuerda siempre la promesa
que en tu juventud el Buen Padre te hizo”.
La oración de mi vida yo vuelvo a recitar,
dichosa por los siglos, vuelvo yo a cantar.

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