Empezar es aventurarse

Comenzamos de nuevo. Para algunos “comenzar de nuevo” significa enfrentarse a lo ya conocido: las mismas actividades, las mismas caras, las mismas dificultades que dejamos al final del verano. Para otros, especialmente para los que empiezan algo nuevo, esta palabras están vestidas quizás de miedo al futuro o de dudas: ¿cómo me irá? ¿me encontraré bien? ¿podré acabar el curso con fuerzas?

Y ¿a ti? ¿cómo te suena este “comencemos de nuevo”? Empieza esta oración sabiendo que el Señor siempre es novedad, sorpresa, aventura, frescura. Él siempre hace nuevas las cosas, pone algo en tus ojos que te hace mirar todo con una mirada nueva. ¿Por qué no dejarse sorprender por el Señor? ¿Por qué no estar dispuestos a su sorpresas? Aventurémonos en el nuevo curso de la mano del Señor.

Prepárate para este encuentro con Jesús. Él quiere hablarte. Te habla a través de su Palabra y de los acontecimiento cotidianos de tu vida. Presta atención. Ayúdate de esta música instrumental para serenarte (también las imágenes pueden sugerirte algo).

Pide a Dios ahora abrirte a sus sorpresa, a su novedad, para que puedas seguirle con ojos nuevos y oídos nuevos.

 Acércate a la experiencia de María de Nazaret. Ella, conociendo a Dios muy bien, nunca se olvidó que Dios significaba siempre “algo nuevo”, que él daba un impulso inesperado al camino que hacemos, que la vida se podría multiplicar cuando menos lo esperabas. Y ella que estaba dispuesta a estas “revoluciones” cotidianas de Dios pudo recibir a Jesús. Lee con atención su experiencia:

El sexto mes envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen prometida a un hombre llamado José, de la familia de David; la virgen se llamaba María. Entró el ángel a donde estaba ella y le dijo: -Alégrate, favorecida, el Señor está contigo. Al oírlo, ella se turbó y discurría qué clase de saludo era aquél. El ángel le dijo: -No temas, María, que gozas del favor de Dios. Mira, concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús. Será grande, llevará el título de Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, para que reine sobre la Casa de Jacob por siempre y su reinado no tenga fin. María respondió al ángel: -¿Cómo sucederá eso si no convivo con un varón? El ángel le respondió: -El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te hará sombra; por eso, el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios. Mira, también tu pariente Isabel ha concebido en su vejez, y la que se consideraba estéril está ya de seis meses. Pues nada es imposible para Dios. Respondió María: -Aquí tienes a la esclava del Señor: que se cumpla en mí tu palabra. El ángel la dejó y se fue.

 Reflexiona en tu corazón

* “Alégrate”. Esta es la primera invitación de Dios para nosotros en este principio de curso: ¿qué te da alegría comenzar? ¿en qué situaciones tienes que recordarte esta invitación: “Alégrate”?

* “No temas”. Esta invitación de Dios a ser valiente ¿en qué aspectos del comienzo del curso quiero oírla?

* “Mira”. El ángel lo repite varias veces. Nosotros también nos tenemos que poner a mirar como mira Dios. ¿Cómo te gustaría que fuera tu mirada en este comienzo de curso? Pídesela a Dios

Termina con el Ave María.

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Marta y María

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