DeSSCCúbrenos: Ser hermanos y hermanas (Paco Egea, ss.cc.)

 

 

 

 

 

 

 

 

DeSSCCúbrenos: Ser hermanos y hermanas

 

Paco Egea, ss.cc.

 

Hermanos y Hermanas, unidos en un mismo carisma y una misma misión, constituyen una sola Congregación aprobada como tal por el Papa Pío VII en 1817.  (Constituciones Art. 1)

 

Nuestra familia religiosa tiene desde su fundación un solo carisma, una sola misión, una sola espiritualidad. Hermanos y Hermanas asumen juntos la responsabilidad de mantener y afianzar la unidad conscientes de que constituye un valor significativo. (Constituciones Art. 8)

 

 

Al leer estas dos citas de las Constituciones de la Congregación me queda claro que los Sagrados Corazones son una única institución formada por hermanos y hermanas. Pero, lo cierto, es que en su día no necesité verlo escrito para darme cuenta de este hecho. Cuando conocí a la Congregación en San Fernando pude comprobarlo por mí mismo.

 

Allí hermanos y hermanas vivían en casas distintas, pero cada uno tenía las llaves de la del otro y no necesitaba llamar para entrar. Cada mañana rezaban y celebraban la Eucaristía juntos. En la parroquia tanto uno como otros desempeñaban distintos servicios en la catequesis o en la atención a los necesitados. Desde fuera, veía todo esto como un signo de verdadera unión y, en consecuencia, para mí la Congregación adquirió el rostro de hombres y mujeres. Y no extraño, pues al fin y al cabo, cuando el Buen Padre se refiere en sus escritos a la visión que tuvo y que le llevo a fundar, junto con la Buena Madre, los Sagrados Corazones, dice:

 

“Me pareció que estábamos varios reunidos; formábamos un grupo grande de misioneros que debía llevar el Evangelio a todas partes. Mientras pensaba, pues, en esta sociedad de misioneros, me vino también la idea de una sociedad de mujeres…”

 

 

Algunos años después entré en la Congregación y entendía que está relación tan estrecha también se manifiesta en otros niveles. A lo largo de los años de formación hermanos y hermanas hemos compartido encuentros, retiros y sobre todo, muchas experiencias. Juntos nos hemos acompañado en este camino de crecimiento dentro de nuestra familia Sagrados Corazones y, como buena familia, hemos discutido, hemos aprendido los unos de los otros, nos hemos alegrado y hemos llorado juntos.

 

Además de la formación inicial hay otros espacios de encuentros. Si hago un repaso de mi recorrido en la Congregación, las hermanas siempre han estado presentes: profesiones, ordenaciones, adoraciones, visitas a miembros de la Congregación que estaban enfermos, preocupaciones pastorales, convivencias y campos de trabajo, cumpleaños, paseos…  Pero estos espacios, que favorecen la relación entre ambas ramas, servirían de poco si no nos quisiéramos o si en el fondo cada uno fuese a lo suyo. Es cierto que, como siempre ocurre en las relaciones humanas, no siempre es tan sencillo y que a veces, por diversas circunstancias, cuesta. Sin embargo, es lo que nuestros fundadores soñaron, lo que la Iglesia nos ha reconocido; en definitiva, lo que somos.

 

Nos toca ser fieles a este legado y, como consagrados, ser testimonio de una relación entre hombres y mujeres complementaria, interdependiente y centrada en Cristo. Y así, juntos, nuestro servicio al Reino se vuelve más fecundo.

 

¿Has podido comprobar por ti mismo que nuestro carisma se encarna en hombres y mujeres? ¿Quéte ha aportado? ¿Quécrees que aporta a la Iglesia?

Artículo anterior

La familia (Pastoral)

Related