DeSSCCúbrenos: Removidos por el sufrimiento (Curro Cruz ss.cc.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DeSSCCúbrenos: Ser removidos por el sufrimiento

 

Francisco Cruz Rivero sscc 

 

Siempre que explico mi vocación señalo que hay un momento de crisis que cambió mi fe, la manera de entender a Dios, al hombre y a mí mismo. Cuando me confirmé, entre otras cosas, tenía claro que Jesús había luchado por construir un mundo más justo y que estaba al lado de los pobres. Por eso, busqué dónde hacer un voluntariado y acabe en el Comedor Social que las Hijas de la Caridad tienen en la calle Pages del Corro. Esa experiencia estuvo a punto de quitarme la fe, porque, resumidamente, no podía entender cómo Dios podía permitir que hubiese seres humanos que pudiesen sufrir tanto, aunque estuviesen así, entendía yo en aquel momento, como consecuencia de sus decisiones equivocadas. O Dios no existía, o no merecía la pena creer en un Dios que, en el mejor de los casos, permitía ese sufrimiento. A pesar del dolor que me producía este voluntariado, permanecí en él durante 7 años.

 

En mitad de ese tiempo, sigo sorprendiéndome de ello, acabé una mañana de sábado en Regina Mundi. Ahí entendí poco a poco el sentido espiritual de Mt 25,31ss. Pues, lavando a las personas allí acogidas, experimenté a Cristo como no lo había sentido nunca. Encontraba a Cristo crucificado y sufriendo en los cuerpos retorcidos, gastados y doloridos de quienes allí viven. Creo que en ellos he tocado el Cuerpo y la Sangre de Cristo, como sólo lo he tocado después en la Eucaristía. Cambió todo.

 

Años después, cuando estudié la teología, pude nombrar y sistematizar lo que había sentido en el Comedor y en Regina, adonde Dios me había llevado, estoy convencido de ello, para mostrarme su verdadero corazón, el del ser humano y el mío propio. Descubrí que Dios se me había revelado como Dios de la misericordia y la compasión.

 

Los inmigrantes de Mazagón, el sufrimiento de tantos alumnos del colegio S. José, que me ha hecho entender mucho de lo que descubrí en S. Fernando, el sacramento del perdón o los funerales, ahora muchas personas que viven en las dos parroquias que atendemos en Jerez o los reclusos del Centro Penitenciario Puerto III me han hecho profundizar en mi fascinación por el Dios de la misericordia y la compasión. Y quiero creer que me ha hecho tener un corazón más parecido al suyo.

 

Creo que lo que me mueve es que otros tengan la suerte de encontrarse con Él. Quiero que mi corazón sea capaz de sentir y moverse como el corazón del Buen Dios, como lo llamaría el Buen Padre. Quiero ser capaz de mirar a los otros como Jesucristo los mira y que mi mirada devuelva lo que creo que Dios ve en nosotros. Quiero ser capaz de acompañar la vida de los demás, para que nadie se sienta solo, porque Dios no nos deja a ninguno solo. Quizá por todo esto la imagen bíblica que más me ilumina e inspira desde hace un tiempo sea el Buen Pastor, recogida en Jn 10 y en el salmo 23. Quiero “tocar al leproso”, como quiere Jesús en Mc 1,40, sabiendo que yo soy otro leproso, necesitado también de la misericordia y la compasión de Dios. Así, me entiendo como ser humano y percibo a los demás, como seres vulnerables, heridos, necesitados de Dios, de su misericordia y su compasión, de su amor y su perdón. Así descubro a Dios, como aquel que quiere nuestra salvación y nos da su amor y su perdón para que vivamos.

 

Quien no sea capaz de dejarse tocar por el sufrimiento humano, creo que hay algo esencial de Dios que es difícil que se le pueda revelar y algo esencial de quién es y somos como seres humanos que se le oculta. Creo que es fundamental en la pastoral juvenil propiciar y acompañar estas experiencias que se dan en el voluntariado o en nuestra propia vida.

  

 

¿Vives de espaldas al sufrimiento ajeno? ¿En qué te ha cuestionado o cambiado? ¿Qué Dios descubres en el sufrimiento? ¿A qué te compromete?

 

 

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