Cuando visité a las personas sin hogar, por Jorge García SSCC

¡Me ha tocado la lotería! ¡De verdad que hoy me ha tocado el gordo, chicos!

Así nos recibía hace tan solo unos días Mª Carmen, una de las mujeres que visitamos por las calles de Madrid, con el proyecto de “Calor y Café” (en el que intentamos acercarnos a la realidad que viven las personas sin hogar de nuestro alrededor). Esto nos lo decía porque hacía unos minutos, “un joven” le había llevado un tupper con un trozo de lasaña que le había sobrado de la comida. Pero esto no fue todo; cuando le ofrecimos un café, un caldo o algo más de comer, su emoción fue completa. No paró de repetir la misma frase en el rato que estuvimos con ella: “¡Es que hoy me ha tocado la lotería!”. Por la comida, por la compañía, por la divertida conversación que mantuvimos… Todo era motivo de alegría y agradecimiento.

Esta es una historia más de las muchas que podría contar en mi experiencia con personas sin hogar. En estos años de acompañamiento a esta realidad, he podido ver cómo Dios se me ha revelado en sus vidas, sueños, miserias, esperanzas y desesperanzas… en cada rato compartido. Y es que son ellos autorizados portavoces del Reino de Dios. Nos hablan de un reino poco glamuroso, pero muy verdadero, en el que la alegría llega por un bocadillo medio caliente y algo de conversación. Donde un “buenas noches” se convierte en el mejor regalo jamás soñado y en el que mirar a los ojos supone un reconocimiento que desvela la dignidad de aquellos a quienes la sociedad día a día se la ha ido enterrando.

Aunque no siempre llega este mensaje con formas tan alegres. En ocasiones es en la dureza de sus afirmaciones, en su mal humor, en la tragedia de una vida que se ha rendido, donde toca buscar las señales de este Reino de Dios. Y es entonces donde aparece Jesús, diciéndonos a nosotros que incluso aquí cabe la esperanza. En medio de la muerte y la desolación que supone, en ocasiones, el encuentro con algunas personas sin hogar (y sus vidas completamente rotas), Dios nos invita a permanecer firmes, con el mismo cariño y alegría, aunque con una actitud que escucha y acoge el enorme dolor que les ha llevado a vivir sin esperanza. Es el Dios que muere en la cruz y ante el que parece que todo ha acabado. Pero incluso aquí, como creyentes nos mantenemos con la esperanza de un futuro mejor, que quizá llegue mañana o quizá llegue en el final de los días. Siempre permanece la esperanza.

Así, puedo decir que en estos encuentros ha sido a mí al que le ha tocado la lotería. Porque en mi gente querida de las calles de Madrid he encontrado a Dios. Y porque ese mismo Dios, me lleva a servir en la fe, esperanza y amor, a estos hermanos nuestros tan queridos para Él.

Finalmente os dejo unas breves palabras que escribí hace bastante tiempo una noche después de estar en “Calor y Café”, y que se ha convertido casi en una oración continua que ronda mi cabeza cada noche:

Esta noche hace frío…hace bastante frío de hecho… que bien llegar ya al hogar… pero Ellos permanecen en la calle… sin hogar al que volver.

Sigue hablándome en ellos, Señor. No dejes nunca de hacerte presente. Muéveme hacia ti Dios mío. Hacia ellos.

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