Cuando me nombraron Superior General, por Enrique Losada SSCC

Fui alumno del Colegio que la Congregación tenía en Madrid en la calles Claudio Coello y Villanueva. Desde entonces mi vida ha venido unida de forma estrecha con esta querida Congregación de los Sagrados Corazones. Los diez años transcurridos en aquellas aulas y patios, me pusieron en contacto con los buenos religiosos de la comunidad que atendía, casi de forma exclusiva el Colegio, ya que entonces a penas había seglares que colaboraran en la Misión de la Congregación en sus obras educativas. Estamos hablando de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado.

En ese marco y al final de mi trayectoria escolar, formé parte de un movimiento de pastoral juvenil, que supuso un mayor compromiso de vida cristiana para un buen número de colegiales, entre los que yo me encontraba. Y en ese ambiente, el P. Luis Aguilar ss.cc se convirtió en mediación entrañable de la bondad de Dios que me llamaba a ser cura, fraile o lo que fuese, que por entonces aquellos distingos no eran muy claros. Lo que si era claro es que si yo era llamado a ser cura era de los míos, es decir de los Sagrados Corazones.

Desde el noviciado que viví en San Miguel del Monte, antiguo monasterio de Jerónimos del norte de Burgos, que la Congregación adquirió al poco de tiempo de su llegada a España, a finales del s.XIX, la figura del Padre Damián se convirtió en un referente importante para mi vocación religiosa. De alguna forma yo quería ser misionero como él. A lo largo de mi formación inicial, con los estudios de filosofía y teología que hice en El Escorial, esa idea estuvo presente y finalmente se me dio un destino a Paraguay. Pero ese destino nunca se llevó a cabo, ya que el Provincial de entonces se vio obligado por las circunstancias a cambiar la obediencia que me había dado y destinarme al Colegio de Martín de los Heros y a seguir estudiando en la Universidad.

Pronto descubrí que lo importante no era llevar adelante “mis planes” sino formar parte del proyecto de la Congregación y asumir los destinos que ella me iba pidiendo. Esto era diferente de lo que en principio yo había pensado, pero era la forma en la que Dios me pedía vivir la Misión de la Congregación.

El 19 de septiembre de 1994, fui elegido Superior General de la Congregación en el Capítulo General que estaba teniendo lugar en Roma. Recuerdo que después de una votación sondeo, en la que yo aparecía como uno de los más votados, tuvimos un rato de silencio y oración personal. Yo me retiré a mi habitación y allí traté de ponerme en las manos de Dios. En mi oración yo le pedía a Él que me diera la capacidad de aceptar ser elegido o no ser elegido. Lo que yo le pedía era que tanto en un caso como en otro, estuviera bien dispuesto a llevar adelante la Misión que la Congregación me pedía. Así he buscado vivir siempre mi vocación y os puedo asegurar que soy feliz. Con esto no quiero decir que no tenga problemas o dificultades, pero siento que estoy en buenas manos y que así soy útil a la Iglesia y a la sociedad.

Enrique Losada ss.cc.

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