Cuando fui profesor de teología, por Paco Piñero

Soy Francisco de Paula Piñero y Piñero, religioso y sacerdote de la Congregación de los Sagrados Corazones. Mi vida ha transcurrido siempre, por un lado, entre parroquias y, por otro,  como profesor de Teología Moral de la Persona: en Sevilla, Jerez, Málaga… Después de veintisiete años impartiendo esta materia de Teología Moral de la Persona en varios Centros de enseñanza tengo casi 700 alumnos, en su mayoría hoy sacerdotes, aunque también religiosos, religiosas, diáconos permanentes y seglares.

Hice mis estudios de Licenciatura en Teología con especialización en Teología Moral en Madrid. También realicé todos los cursos de Doctorado en Teología Moral. Para mí, esta posibilidad de enseñar Teología Moral de la Persona a tantos alumnos me ha supuesto una riqueza enorme. Por lo que he aprendido de todos mis alumnos; por lo que me ha supuesto de muchas horas de estudio y reflexión para poder impartir mis clases.  Puedo decir que cuando uno es profesor de una materia es cuando realmente aprendes ya que tienes que estudiar, pensar, reflexionar cómo transmitir lo mejor posible los contenidos a los alumnos.

He intentado siempre en mis reflexiones partir de la experiencia religiosa hecha en la pastoral común dentro de nuestras iglesias, de nuestros barrios y de nuestras ciudades. Una Teología Moral que devuelva y fortalezca la confianza y la alegría a los miembros de la Iglesia, que les haga pensar en los de fuera más que enredarlos en discusiones eternas sobre ellos mismos. Una Teología Moral rigurosa, científica y “profesional”, pero hecha desde dentro de la experiencia y la responsabilidad eclesial, teórica y práctica. Una Teología Moral que no divida, que no enfrente, que no condene a nadie, que devuelva a todos el gozo y la confianza de la comunión en lo fundamental. Y una Teología Moral de la Persona que reflexione fundamentalmente sobre los grandes problemas de la Ética de la Sexualidad y de la Bioética.

Estoy convencido que tenemos las personas y los recursos necesarios para que esta Teología Moral crezca en nuestras comunidades.

Mi deseo siempre ha sido ayudar a mis alumnos para que ellos puedan después ayudar a otros personas a vivir la grandeza de las importantes cuestiones teológico-morales y más especialmente las centradas en la Teología Moral de la Persona.

Veintisiete años de profesor de esta materia me ha dado también un gran conocimiento de las Diócesis de Sevilla, Asidonia-Jerez, Cádiz y Málaga. Muchos de sus sacerdotes han sido alumnos míos. Muchos seglares de estas diócesis también. Esto me ha  ayudado a tener siempre un gran sentido de comunión y vivencia eclesial diocesana. Y es más, muchos de mis alumnos, son hoy grandes amigos que siguen consultándome muchas cuestiones relacionadas con los problemas teológico-morales.

La Teología Moral es, podríamos decir, una técnica, un carisma y una forma de vida. La técnica la aprende la persona, el carisma lo da Dios, la forma de vida acontece y se modela en la Iglesia.

La Teología Moral es, podríamos decir, una técnica, un carisma y una forma de vida. La técnica la aprende la persona, el carisma lo da Dios, la forma de vida acontece y se modela en la Iglesia. La Teología Moral es la humilde y esperanzada servidora de la verdad de Dios en la Iglesia y en el mundo. Ella no tiene otro señor ni otro servicio. Y el Espíritu de la Verdad, que promete y envía Jesús, se difunde sobre todos los fieles, no sólo sobre los que “profesionalmente” se dedican a pensarla. De ahí que  el teólogo que reflexiona los problemas  morales tenga que mirar siempre a la Iglesia entera para no perderse en su camino: hacia la comunidad en medio de la que vive y hacia la autoridad que la preside en nombre de Cristo.

Para mí, pues, esta posibilidad de haber sido veintisiete años profesor de Teología Moral la he vivido como una auténtica gracia del Señor y como un agradecimiento a los señores Obispos que confiaron en mí para ser profesor de esta materia y por supuesto a todos mis alumnos, de los que he aprendido, creo, mucho más que lo que les he podido enseñar.

Francisco de Paula Piñero y Piñero, ss.cc.

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