Cuando dejé la medicina, por Fernando Bueno SSCC

¿Nunca os habéis parado a pensar la fuerza que tienen los sueños y los deseos en nosotros? Son un motor y una fuerza incombustibles. Desde pequeño tenemos muchos deseos y a medida que crecemos aparecen nuevos. ¿Cuál fue mi gran sueño? Ser médico. Lo tenía claro desde pequeño: quería ayudar a la gente a curarse, a sanarse de las heridas y las enfermedades.

La experiencia en Regina Mundi me acercó más a ese sueño, me cautivó la experiencia de cuidar y aliviar el sufrimiento a los que más pobres. Los primeros años de medicina siguieron en la misma línea. Me encantaban las disecciones, el hospital, el quirófano… Mi sueño se iba cumpliendo… Y digo bien: “MI sueño”. El sueño de Dios iba por otro lado.

Después de profesar como religioso tuve que dejar de estudiar medicina para comenzar a estudiar filosofía y teología. La verdad es que no fue fácil, me costó mucho trabajo. No entendía por qué el Señor me pedía dejar algo tan útil como era ser médico para estudiar cosas que, aparentemente, me parecían inútiles.

Todo cambió cuando decidí abrirme por un momento y por completo a lo que Dios me tenía reservado desde la teología y como religioso. Dejar por un momento MI sueño y abrazar el sueño de Dios. Y ahí todo cambió. La realidad que se me abría por delante me cogió el corazón y me dejó sin palabras: Dios me había escogido como instrumento suyo para reparar el corazón herido del mundo.

Hay muchos sufrimiento visibles, pero hay más sufrimientos invisibles que no se ven, que se cargan como una losa pesada en el rincón más oscuro del corazón. Ahí me quería Dios: con los niños del colegio que no se sienten queridos por sus padres, con los adolescentes que muchas veces no se aceptan y se aborrecen a sí mismos, con los profesores que se castigan psicológicamente por no llegar a todo… ¡Cuánto dolor se me abrió como religioso y como sacerdote! ¡Cuánta tarea por delante!

Mi sueño era ser médico, sí…pero resulta que Dios tenía algo más grande pensado para mí. Solo bastó abrir el corazón por un momento más allá de mis deseos y darle rienda suelta a Dios. Y tu, ¿te atreves a mirar?

Fernando Bueno SS.CC.

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