Crónica de Canguro 2

Salamanca también es una sede importante del #veranosscc. Allí tienen lugar el campo de trabajo de Canguro, que a menudo suele ser la primera experiencia de servicio para nuestros jóvenes. Para Ana, de la sevillana parroquia Sagrados Corazones, ha sido su primer campo de trabajo y, como podéis comprobar, vuelve feliz por la experiencia.
Dos semanas en Salamanca que han valido por mil. Bajo la frase “déjate sorprender” nos aventurábamos 16 jóvenes a vivir una experiencia que cambiaría nuestras vidas. Cada uno de nosotros y por distintas causas, llegamos a Salamanca dispuestos a dar lo mejor de nosotros mismos.
Nuestros días en Canguro eran un no parar: por la mañana tras el desayuno, nos tocaba hacer un ratito de oración donde se nos presentaba el lema del día. Una vez acabada la oración , poníamos rumbo hacia el barrio de Pizarrales, un barrio humilde situado en la periferia de Salamanca donde se encontraba el colegio en el que llevábamos a cabo el campamento. Una vez allí, preparábamos todos los materiales y esperábamos ansiosos a gritar de nuevo: “¡Buenos días Canguro! ¡1,2,3,4 al abordaje!” Para que entrasen como cada mañana 100 niños a disfrutar haciendo lo que más les gusta hacer: jugar.

2017. Canguro 2 2Entre semana, cocina, juegos, deporte, manualidades y teatro eran las actividades que realizábamos monitores y niños pero el día más esperado era siempre el el viernes porque era el día en el que los niños de todas las edades se unían en diferentes grupos para jugar a la gymkana y salvar a la capitana Miriam. Sin embargo, el momento más bonito fue la fiesta de los padres donde los niños pudieron disfrutar de diferentes juegos junto a sus familiares y enseñarles sus dotes artísticas.

Nuestras tardes en el campo de trabajo eran un poco distintas, nosotros pasábamos a ser los niños y nuestras monitoras Marina y Araceli preparaban para nosotros unas dinámicas para que poco a poco conociéramos a nuestros compañeros, a nosotros mismos y a Dios y consiguiéramos abrir esa mochila que cada uno traíamos a la espalda llena de todas esas emociones que nos acompañan en nuestro día a día.
A día de hoy no solo podemos afirmar que hemos abierto la mochila, si no que también hemos conseguido llenarla de enormes momentos vividos en Canguro que para siempre permanecerán en el recuerdo: la canción del tiburón, el rato de turismo por las distintas Salamancas, el paseo en barca cantando paquito el chocolatero, el paseo en grupo por Alba de Tormes, la adoración con todos los religiosos de Salamanca, los bailes por grupos del último día con los niños así como otros muchos.

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Una pieza clave en el campo de trabajo ha sido Dios que se nos ha hecho presente en cada uno de los días y que tanto en el campamento como en las dinámicas ha hecho posible que nos replanteemos nuestra vida desde otros enfoques.

Para concluir, solo me queda agradecer por la experiencia brindada y llevar todo lo aprendido al día a día.

MUCHAS GRACIAS.

(Ana Fernández-Trueba, Parroquia Sagrados Corazones de Sevilla)

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