Crónica Convivencia Oración (Jerez)

Pese a ser la base fundamental de la fe, para la mayoría de la juventud la oración es la gran asignatura pendiente. Por lo tanto, un grupo de jóvenes de Sevilla y San Fernando nos aventuramos a pasar un fin de semana aprendiendo como comunicarnos mejor con el Señor y a sentirnos acompañados por Él.

Estamos tan acostumbrados a un esquema de oración que muchas veces no nos paramos a pensar el porqué de lo que hacemos durante ella ni que sentido tiene. Esta convivencia nos sirvió para darle una vuelta de tuerca a esas formas de orar que desde hace tanto tiempo llevamos realizando, como pueden ser pedir o dar gracias.

“Ve y acuéstate. Y si vuelves a escuchar que te llaman, dirás: “Habla, Señor, que tu siervo escucha.” Esas eran las palabras que Elí decía a Samuel ante la incesante llamada del Señor, y estas podrían resumir lo que nos transmitieron los animadores durante la convivencia. Teníamos que bloquear el ruido del mundo y pararnos a escuchar al que no deja de llamarnos.

Para mí el momento clave de la convivencia fue sin duda la adoración, esa manera de orar tan especial para la congregación, que hasta forma parte de nuestro nombre. Pero esta vez era diferente, esta adoración reparadora, en la que no solo pusimos en manos del Señor nuestro sufrimiento y el de los que nos rodean, sino también el sufrimiento del mundo, este mundo en el que hay tanta gente que vive en situaciones de marginación, de desesperación, de abandono.

Puede que fuera mucho lo que aprendimos en estos tres días, pero lo más importante fue que pasamos un tiempo llevándolo a la práctica. Unos días en los que pedirle, con confianza, pues él dijo que si pedimos se nos dará. Unos días en los que agradecerle, ya que recibimos de Él un amor que muchas veces no merecemos. Unos días en los que escucharle, leyendo su palabra, comprendiéndola y dejando entrar a nuestro corazón lo que nos quiere decir con ella, porque es palabra viva y en cada momento nos transmite algo diferente. Unos días en los que adorarle y dejarle que cure nuestras heridas. Unos días en los que devolverle de forma fiel lo que nos da, porque el siempre esta, aunque a veces no seamos capaces de sentirle, porque su fidelidad es grande, incomparable es.

 

Lolo Mauri (Sevilla)

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