Con sabor a Dios. Vivir desde la gratuidad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Dad gratis lo que habéis recibido gratis” (Mateo 10, 8)

 

 

No recuerdo en qué momento llegó esta frase a mis oídos. Seguramente sería en alguna homilía de la Parroquia o en alguna de las reuniones, pero de lo que sí estoy segura es que me ha ido acompañando durante los tres años de catequista de Catecumenado.

 

Todo empezó con el final del verano, cuando vuelves a Comunidad y haces el proyecto personal. En ese momento me di cuenta que algo fallaba, algo faltaba, había una cosa que siempre me perseguía y le daba vueltas. Tenía las ganas de ayudar, colaborar, hacer un voluntariado, darme a los demás, por eso en cuanto hablé con Curro le dije “quiero estar donde sea necesaria” sin importarme qué destino sería.

 

Cuando me dieron la noticia de que mi sitio era dar catequesis de Confirmación me asusté, pues pasé de la inexperiencia a llevar un grupo de chavales de 16-17 años, con todo lo que supone esa edad. ¿Cómo yo, con mis dudas, podía ser capaz de transmitir mi Fe? Y más aún, ¿que no vean el Sacramento de la Confirmación como un fin, sino como el inicio?

 

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“…no os preocupéis por lo que vais a decir, pues no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre hablando por vosotros.” (Mateo 10, 19-20)

 

Leer esto me tranquilizó, aunque había que pasar a la práctica para ver que era cierto.

 

Los primeros días me sentía como el profesor novato que llega a clase a enseñar a sus alumnos, ¿diré lo correcto? ¿Meteré la pata? Con el paso de los meses la confianza en el Señor fue aumentando y vi que algo en mi Fe estaba cambiando, estaba creciendo. Las catequesis al mismo tiempo que las daba las recibía y comencé a experimentar eso de recibir mucho más de lo que dar, hasta el punto de haber vivido la Confirmación más plenamente ahora que en su momento.

 

 

 

Estaba claro que Dios había tenido que ver algo en todo esto, pues resultó que durante esos años el grupo de catequesis y mi comunidad se convirtieron, no sólo en pilares de mi Fe, sino de mi vida.

 

No todo fue un camino de rosas, pues como en todo grupo hubo sus crisis y sus momentos de abandono, pero muchas veces son esos momentos los que hacen salir fuerte del temporal. “Dios escribe recto con renglones torcidos” dicen, y por muy mal que vayan las cosas, por mucho que se tuerzan, siempre hay una línea recta que dirige tu vida y que te lleva a la felicidad verdadera.

 

Eso fue lo que descubrí, entre otras muchas cosas, la felicidad de haber entregado mi Fe a los demás, la satisfacción de ver cómo alguno de ellos son hoy también catequistas y en un futuro formaran una Comunidad. Y a esta frase del inicio del Evangelio de la Elección de los Doce le habría añadido “Dad gratis lo que habéis recibido gratis, pues recibiréis mucho más de lo disteis”

 

María Luisa Ovelar Delgado (Sevilla)

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