Con sabor a Dios. Sentados junto a Jesús

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sentados junto a Jesús

 

 “Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos”

“Decid a la gente que se siente en el suelo”

Juan 6, 1-15

 

Me parece providencial que siempre que salgo a países de los que clásicamente llamamos “de misión”, lugares generalmente de gran pobreza material, me toque celebrar la Eucaristía con la lectura de la multiplicación de los panes y los peces. Recuerdo una vez en Mozambique; ese día tocó celebrar en una capilla bien alejada de la ciudad. Lo de capilla es un decir, pues consistía en una estructura de madera sin paredes con un techo supongo que hecho de paja. Algunos troncos en el suelo eran el asiento de los hombres y las mujeres se sentaban atrás en unas esteras en el suelo. Yo, como blanca que soy, tenía un sitio al lado del cura. La homilía es sencilla (y por supuesto en el dialecto de la zona, pues allí nadie habla ni entiende portugués): Dios es bueno con nosotros porque nos proporciona el pan de vida, el alimento para vivir, Él nos provee de todo lo necesario.

 

Esta vez tengo la suerte de escuchar esta lectura en una parroquia que la Congregación tiene en Bagong Silang, un barrio terriblemente empobrecido a las afueras de Manila. Aunque llevo poco más de una semana he podido comprobar que aquí la desnutrición infantil está a unos niveles que yo no había visto antes. Y la casa de las hermanas en la que vivo… ¡Eso sí que es ser pobre con y entre los pobres! ¡Qué distinto escuchar el evangelio en este ambiente! ¡Qué complicado se me hace!

 

Ayer por la tarde noche celebramos el 17 aniversario de la parroquia. Hubo mucho baile, mucha alegría compartida, y al final cenamos todos juntos. La parroquia puso el arroz, la pasta y las verduras, y una familia filipina de Manila nos regaló un cerdo entero. Cenamos unas 300 personas y hoy hemos desayunado (si, aquí se desayuna, come y cena lo mismo) otras 300 personas. Durante la homilía el padre Jovy decía: “Ayer en esta parroquia se cumplió esta lectura. Ayer fuimos testigos del milagro de compartir. Dios es bueno con nosotros”. Igual que en África. En Europa la interpretación de esta lectura suele tener matices diferentes. Y está bien. Cuando el alimento material está asegurado hay que ir a por otros “alimentos”. Aquí no se complican tanto la vida. Aquí sobra fe, sobra alegria, sobran ganas de vivir; sobra de todo menos comida, salud y una educación que les permita salir de su situación de exclusión. En el Padrenuestro filipino no se reza “danos hoy nuestro pan de cada día” sino “danos hoy nuestro alimento” de cada día. Este es el significado de la multiplicación de los panes y los peces para los pobres de aquí y de cualquier lugar. Dios es Bueno; Él nos dará el alimento.

 

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¿Y para mí? ¿Dónde me coloco yo en esta lectura? Os copio de nuevo dos pequeños versículos: “Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos”“Decid a la gente que se siente en el suelo” Al igual que hace Jesús en la lectura de la mujer adúltera, Jesús se sienta, se pone al mismo nivel, se coloca en su lugar. No mira a la multitud desde arriba. Más bien se sienta y mira hacia arriba, hacia mi, y me invita a sentarme con Él y con los que no tienen qué comer. Eso es lo que Jesús me pide hoy aquí en Bagong Silang. Para eso he venido. Para sentarme con ellos en su miseria y dejarme evangelizar. Porque sí, los pobres nos evangelizan, al menos a mi, cada vez que me dejo hacer.

 

Alicia Monjas (San Víctor)

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