Con sabor a Dios. Quien se haga pequeño…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Quien se haga pequeño…

 

 

En aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron:

– “¿Quién es, pues, el mayor en el reino de los cielos?”

el llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo:

“Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños,

no entraréis en el reino de los cielos.

Así pues, quien se haga pequeño como este niño,

ése es el mayor en el reino de los cielos.

y el que reciba a un niño

como éste en mi nombre, a mí me recibe”

                                                                                             Mt 18, 1-5

 

 

 

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Cuando los apóstoles estaban discutiendo para saber quién era el más grande, Jesús adivinó sus pensamientos y les contestó algo desconcertante: si quieres ser más grande hazte más pequeño. ¡Qué contradicción! Pero así es el Reino de Dios: paradójico. Cuesta toda una vida descubrir esta realidad. Y aun así, nunca acabamos de comprenderla del todo, al menos esa es mi experiencia. He tenido la suerte de trabajar rodeada de niños, y no tan niños, durante toda mi vida. Y eso me ha ayudado a entender y a vivir las palabras de Jesús.

 

 

Creo que Jesús mostró una particular atención a los niños porque quiere que, como Él, sus discípulos prestemos una atención privilegiada a los más desheredados. Son sus representantes en la tierra  hasta el final de los tiempo: “Quien recibe a un niño como este en mi nombre, a mí me recibe”. Compruebo cada día como un niño es un ser indefenso, un ser que depende de su familia, no solo económicamente, sino emocionalmente. Cuando un niño o un adolescente es problemático, la mayoría de las veces es el resultado de lo que ha vivido en su familia. No se pueden defender de las heridas que les transmite su entorno.

 

 

Los niños para Jesús representan todos “hermanos más pequeños”, los que cuentan poco y a los que se les trata de cualquier manera porque no tienen prestigio, dinero… Y nosotros somos invitados por Jesús a ir por este camino de acogida a los “hermanos más pequeños” para estar en comunión con Cristo.

 

 

Para mí este pasaje del Evangelio es una invitación constante a acoger especialmente a esos niños, adolescentes, más ignorados, más carentes de amor, de compañía y poderles ofrecer la presencia de Dios a través de mi escucha, de mi compañía.

 

 

Si Jesús colocó a un niño en medio de los discípulos reunidos, creo que fue para que ellos mismos aceptaran ser pequeños. Y también nos lo dice a cada uno de nosotros:¡ haceos como niños! No perdáis el asombro por la vida, mantened la ingenuidad que da el amor, la capacidad de esperar y confiar en Dios como el niño espera y confía en sus padres, la autenticidad de decir la verdad, la capacidad de expresar nuestros sentimientos. No perdáis el maravilloso don de vivir intensamente el momento presente sin preocuparos por el mañana.

 

 

Todas estas características que se pueden aplicar a los niños, son perlas que el mismo Jesús dijo a sus discípulos durante su paso por la tierra. Y espero que el Espíritu Santo que hemos recibido en Pentecostés venga en nuestra ayuda para poder hacerlas realidad en nuestras vidas.

 

 

Agradezco a todos mis alumnos, especialmente a los más pequeños todo lo que me dan, simplemente siendo lo que son. Les agradezco su confianza en mi que me ayuda a confiar en Dios y en mis semejantes. Les agradezco, sobre todo, esa capacidad de asombro y de espera que me impulsa a no perder la ilusión por el día de hoy, a vivir el CARPE DIEM, a profundizar en que si vivo el hoy de Dios, Él me dará todo lo demás por añadidura.

 

 

Gracias a todos mis alumnos, porque me dan la oportunidad de recibir a Cristo en cada uno, y especialmente en aquellos más heridos por la vida.

 

 

Ana Zabala (Madrid)

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