Con sabor a Dios: Oración

 

 

 

 

 

 

 

 

Con sabor a Dios: Oración

 

Todos sentimos la necesidad, en algunos momentos de nuestra vida, de detenernos a reflexionar,  de parar en el camino para echar la vista atrás y analizar lo ya andado, y sobre todo, lo que ahora está viviendo. Creyentes o no, se trata de una característica de todo ser humano, es algo a lo que nos sentimos llamados; Para mí, es la necesidad de encontrarme con quien más me quiere y a quien le quiero entregar mi vida.


<<MAS ÉL SE APARTABA a lugares desiertos y ORABA>>.(Lucas 5:16)

 

Jesús solía despedirse de las multitudes porque quería ir a un lugar apartado para rezar a solas, también sentía esa necesidad de “pararse”.

 

La oración es una de las cosas más importantes de mi vida, para mi es un regalo y una necesidad para vivir. No obstante, ha estado (y está) llena de “subibajas” y ha ido adoptando diferentes maneras y significados.

 

De pequeña aprendía las oraciones que me enseñaban en casa, en el colegio, en las catequesis… y hasta ahí entendía que era una manera de hacer presente al Señor en mi vida por un instante y que era algo que le agradaba. Con el tiempo se fue convirtiendo en un lugar en el que podía pararme a reflexionar sobre mi semana, mi situación actual, mi situación ideal, una especie de análisis de conciencia que de alguna manera me sentía invitada a hacer. En mucho tiempo, había veces que me sentía acompañada y en otras que me sentía hablando sola ¿alguien me escuchará? Me preguntaba. Y ese ha sido uno de mis grandes fallos, ese “me” escuchará, “me” cuestiono, “me” autoanalizo, e incluso “me” contestaba. Tardé tiempo en entender que la oración no tiene una única dirección, no sólo hay un sujeto que habla y otro escucha, sino que es lugar de encuentro personal con el Señor, es uno de los regalos que Dios nos da, es una de las enseñanzas que Jesús nos dio, “no dejéis de hablar con vuestro Padre”.

 

 

A día de hoy, entiendo que la oración puede ser curativa, mantiene viva la esperanza, es transmisora de amor, de fuerza. La oración es la calma, el lugar de descanso que te anima a seguir adelante, porque todo eso es Cristo. Nos lo han dicho muchas veces, pero es real, para que toda relación perdure, debemos cuidarla, hay que mantener “viva la llama” para no cansarnos de ella. Descubro en estas palabras la importancia de cuidar mi oración, mi relación personal con el Señor, pues si me dejo llevar por el día a día, el cansancio sobre todo que es lo que más me pesa, llega un momento que al sentir la necesidad de pararme, hay un vacío grande dentro de mi, me siento perdida y resulta fácil perder el sentido de todo lo que hago. 

 

Y es que una de mis grandes tentaciones en la actualidad es una de las enfermedades que están ahora tan de moda, la de “estar ocupado”, de tal modo que se me olvida darle prioridad a la oración, y caigo en dejar mis últimas fuerzas del día para Dios. Cuando esto me pasa, empiezo a echarle fuertemente de menos y a sentir un vacío, un día a día sin motivación, sin sentido. Es entonces cuando recuerdo un libro que leí y me marcó mucho, en el que me hablaba de lo fácil que se nos cuela “el maligno” a veces en nuestra vida, pues su intención última es alejarnos de Dios, y efectivamente, conmigo lo consigue muchas veces. Acudir a este libro, es acudir a recordar momentos de oración muy especiales para mí, en los que el Señor me ha hablado y me ha mostrado su amor. Esta ha sido su manera de salvarme en muchas ocasiones, no dejar que le saque de mi cabeza ni de mi corazón.

 

 

Del mismo modo, a través de Cristo aprendo a rezar y el por qué de su importancia. Por ejemplo, en la cita de Marcos 1:35:<<Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba>>, descubro que Jesús tenía la necesidad de rezar nada más empezar el día, es lo primero que hacía muchas veces, necesitaba la fuerza del encuentro con Dios para vivir, para entender su vocación. Además, si hacía esto a estas horas es porque sabía que iba a estar muy ocupado durante todo el día, de tal modo que le daba prioridad, levantándose temprano, para no dejar atrás la oración por no tener tiempo en todo el día.

 

 

También en Lucas 6:12-13: <<En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó toda la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles>>.

 

He aprendido que Jesús toma decisiones a través del encuentro con el Señor, la oración le guía, toma partido en su vida de tal modo que le ayuda a elegir. Jesús sabía escuchar a Dios.

 

Y es que esta es una de las realidades más grandes que he podido vivir, pasar mis decisiones, mis elecciones por el Señor. He tardado en aprender a hacerlo, pues no se trata de decidir tu mismo con tu propia mente, sino de dejar que el Señor te hable, dejar que sea Él quien salga a tu encuentro. Es verdad que nunca vamos a tener la certeza de lo que nos pide o nos dice, pero siempre que le busquemos, que nos esforcemos en encontrarle y tomar decisiones desde ahí, nunca nos fallará, a mi nunca me ha fallado cuando de verdad he querido buscarle en mi vida y le he pedido ayuda para decubrir el camino que quiere para mí.

 

Debemos ser pacientes, tomarnos tiempo y ser constantes, sin perder la confianza y estando atentos a su mensaje, a sus señales.

 

<<Les dijo también: (…) Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?>> Lucas 11.1-13.

 

 

Pero sin duda, una de las oraciones de Cristo que más me ha enseñado a rezar ha sido al final de su vida: <<Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.>> (Mateo 26: 39-44)

 

Cuantas veces he deseado que Dios hiciera algo por mi cual milagro, hasta el punto de desearlo tanto que casi era lo único en lo que se centraba mi oración, incluso de más pequeña podía llegar a enfadarme si esa petición no se concedía. Tardé tiempo en comprender que Dios es Amor, no es un genio que concede deseos, Dios es Verdad, Él sabe mejor que yo misma lo que de verdad necesito, en qué momento y por qué lo necesito, y Dios es Vida, pues  tiene unos planes para cado uno de nosotros pero sólo Él los conoce y a veces no son lo que nosotros tenemos en mente, son mejores.

 

  No dejes nunca que Cristo salga de tu corazón.

 

Pilar Domínguez Ramírez (Sevilla)

Related