Con sabor a Dios. El primero y el último

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con sabor a Dios. El primero y el último

 

 

 

“El que quiera ser el primero, que sea el servidor de todos.” Mc 9, 35

 

 

Empezando el calor terminan muchas cosas. Acaban meses de proyectos, reuniones, jaleos, clases… Y empiezan los exámenes… que también son propios del final de curso.

 

Pero para muchos de nosotros, el verano, que ya viene, es el principio de muchas cosas. Cuando huele a remolacha tostada (desagradable y encantador olor para los que lo conocemos), a higuera y breva, cuando canta la chicharra, se abren las puertas de la casas de convivencia, campings y espacios de todo tipo, para dar cabida al Encuentro (con mayúsculas).

 

Yo le debo mi vida a esos veranos. Ahora que lo pienso me parece mentira, pero cada decisión clave de mi vida la tomé en verano. Muchas en esos Encuentros. Porque en el fondo no son mis veranos, son Sus veranos.

 

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Creo que una de las claves es el silencio; otra la tranquilidad, la posibilidad real de poder pararse; y la última, las ganas de encontrarse, con el otro y con Dios. Son las claves de las convivencias, campos de trabajo y voluntariados varios. Son las actitudes con las que uno, de verdad, pone todo en manos de Dios y, aunque parezca contradictorio, decide en libertad plena.

 

 

Hay una Biblia en mi casa que huele a esos veranos. Está llena de anotaciones de convivencias y campos de trabajo. Es una Biblia verde, de San Pablo, muy “currada”, incluso con alguna página suelta, que heredé de mi hermano. La nota que más me resuena hoy es “¿dónde puedo servir más y mejor?”. ¡¿Cuántas veces me habré hecho esa pregunta?! Pero si está ahí, escrita tantas veces, es porque no tenía (ni tiene hoy) una respuesta sencilla. De hecho las respuestas en el pasado no han sido siempre acertadas. Yº1 me han hecho daño… porque cuando uno se hace preguntas de verdad, se la juega. Pero los veranos, entendidos desde Dios, son para hacerse ese tipo de preguntas.

 

Ahora yo, y muchos de los que compartieron conmigo esas convivencias, estamos en el “otro lado”: nos toca animar a chicos y chicas a callar sus vidas ajetreadas, y dejar que Dios hable en ellas. Es una gran responsabilidad, da hasta cierto vértigo si lo pienso. Pero creo firmemente que es donde un de esos lugares en los que “puedo servir más y mejor”.

 

Aprovecho estas líneas para pediros algo: cuando estéis entre esas paredes que tanto saben de mí, o cuando os huela a remolacha y cante la chicharra, tomaros, por caridad, un segundo para rezar por este pobre servidor, que lo único que espera es no estropear demasiado la obra preciosa que Dios ha hecho en los chavales que le va a confiar este verano.

 

 

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Y termino con una frase de “El Principito”, que me va a acompañar en uno de los eventos que me toca animar: “Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya”. Y yo me pregunto si nuestro “servir más y mejor”, el de los que acompañamos la vida y la fe de tantos chavales, es también ese: “que cada uno pueda encontrar su estrella”… ¡Buen verano a todos!

 

Antonio Cornejo (San Fernando)

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