Con sabor a Dios. Decir sí a la palabra de Jesús

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Decir sí a la palabra de Jesús

 

 

“No todo el que me dice ‘Señor, señor’ entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. (…) El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron sobre la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente”.

 

 

Son muchas las veces a lo largo de mi vida en las que el Señor ha puesto ante mi esta lectura bíblica. A lo largo de 16 años, desde que recibí la primera comunión, me he enfrentado a numerosas crisis personales, de fe, profesionales. Es algo innato del ser humano, que quiere crecer por encima de todo y que a veces olvida en qué pone su fuerza y a qué dedica su trabajo diario.

 

El Señor, sabio, pone en mi oración cada cierto tiempo esta lectura. A veces puedes rezar con ella sin profundizar, y en otros momentos, en los que más roto por dentro te encuentras, puede convertirse en una luz al final del túnel, en un punto de inflexión que pone fin a una etapa para elegir la vida correcta, la que el Señor quiere para nosotros.

 

Jesús es claro en su enseñanza, lo único que vale es poner en práctica sus palabras.

 

Yo siempre he pensado que cuento con una fe muy fuerte, incluso he llegado a pensar que lo más duro ya estaba conseguido. Mi vínculo con Dios es muy intenso, además en la parroquia soy una persona activa que intenta estar presente en todos los momentos que me son posibles. Sin embargo, podemos pasarnos la vida construyendo un futuro, realizando unos compromisos, eligiendo un trabajo, estudiando una carrera, teniendo una relación de pareja, y creer que todo esto viene de Dios y que Él está en el centro y equivocarnos completamente. En definitiva, resulta sencillo sentirse cristiano pero sin embargo es muy complicado comportarse como tal.

 

Y al final cuando se acerca un fuerte viento, una lluvia torrencial, una riada que llega a la puerta de nuestro hogar; nuestra casa se derrumba, porque está edificada sobre arena.

 

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De repente te escuchas ordenando prioridades de manera incorrecta, y te das cuenta de que Dios no era el centro de tu vida, de que como en la lectura de Mateo le preguntas al Señor si es que no has hecho suficiente para formar parte del Reino de los cielos. Cuando pasa eso no nos queda otra que cambiar. Porque os aseguro que una vez que conocéis el amor de Dios no podréis darle la espalda.

 

Y aunque desaparezca todo lo construido, aunque se derrumbe lo que creíamos más importante en nuestra vida, no es más que una oportunidad para crecer en nuestra fe, para comenzar a construir sobre roca y poner lo verdaderamente  importante en primer lugar. Porque nuestras acciones deben ser en todo momento fruto del amor y de la entrega, y eso es lo que Jesús nos pide con estas palabras.

 

Tamara Cordero (Málaga)

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