Con sabor a Dio. Estaré…siempre estaré.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estaré…siempre estaré

 

 

 

Si pasas por las aguas, yo estaré contigo; si por ríos, no te ahogaras.

Si caminas por el fuego, no te quemaras, y las llamas no te abrasarán.

 […]No temas porque yo estoy contigo (Is 43).

                                                                                                         

 

Estos versos del profeta Isaías me traen calma y reposo a mi vida en estos momentos de agobios, de no parar de hacer cosas, de fin de curso, de fin de etapa, de comienzo de proyectos nuevos e ilusionantes, pero también difíciles y exigentes.

 

En momentos en los que la vida no me deja pararme, que no rezo tanto como me gustaría o como necesito, que no me acuerdo de Dios más que en momentos puntuales y en los que pienso que estoy siendo un “mal cristiano” por estar centrado solo en mis cosas, Dios, el Padre Bueno, me recuerda que Él me quiere, que no tema, que Él está conmigo. Que está conmigo cuando yo estoy con Él, pero que también lo está cuando yo me olvide. Siempre está. Siempre.

 

Y entonces me invade un sentimiento de agradecimiento que no sé expresar con palabras. Como cuando has hecho algo que piensas que está mal, y esperas una regañina, y en vez de eso lo que recibes, sin merecerlo, es una palmadita en la espalda, un abrazo reponedor, una segunda oportunidad, un “¡Animo que, yo te quiero, y estoy contigo para que juntos todo vaya bien!”

 

Porque Dios nos quiere tanto que está siempre con nosotros, aunque a veces ni siquiera lo sepamos. Y Él nos cuida y nos protege, nos guía y nos ayuda para que no perdamos el rumbo, para que sigamos caminando nuestro camino, confiando, dándonos siempre la oportunidad de que nuestro camino sea el suyo, e invitándonos a acercarnos cuando por diferentes motivos nos despistamos y nuestro camino se separa del suyo.

 

Hoy le pido al Señor que tenga paciencia conmigo, por todas las veces que mi camino se desvía y se aleja del suyo, y le doy infinitas gracias por la paciencia de estar siempre ahí invitándome, cuando me despisto, con una palabra sencilla y un gesto amable, a redirigir mi sendero para volver a estar cerca suya.

 

Ignacio Fernández Albarracón (Sevilla)

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