Con otra mirada: “Entonces, ¿por qué no ganó Clinton?”

Las últimas semanas me han asaltado muchísimas interpretaciones sobre que ha ocurrido con el resultado de las elecciones en los Estados Unidos de Norte América. Yo mismo he sido preguntado en charlas sobre comunicación y lenguaje corporal sobre qué explicación podía tener la derrota de Clinton y la ¿imposible? victoria de Trump. Para colmo además, en este blog que he consultado antes de hacer mi aportación, la última entrada versa sobre la sensación de Ángela Ordoñez desde USA sobre el día después. Esa impresión en las calles –perfectamente descrita por Ángela- es la imagen de la desolación. La sorpresa es mayor por no ser esperada. Las encuestas daban muy poco margen a Trump y una clara victoria a la esposa de Bill. Pero no para ahí la cosa, dos días después una empresa ha realizado una encuesta preguntando quien debería gobernar en América; y por supuesto ha salido Clinton.

Al parecer hay un extraño mecanismo por el cual si me preguntan antes y después de las elecciones a quien votaré, responderé antes y después, que a la candidata. Pero cuando me quede solo, votaré al orgulloso empresario.

El voto femenino estaba asegurado. No solo el hecho de que Hillary fuera mujer atraería esos sufragios. Era la oportunidad, por primera vez en la historia contemporánea de los USA, que una mujer se haría con la presidencia.   Pero sobre todo, la forma de hablar de Trump sobre las mujeres al parecer hacia deleznable la remota idea de que este sujeto fuese elegido por las mujeres. Pero las mujeres en un tanto por ciento increíble, han votado a este “cretino machista”. Un tanto parecido ha ocurrido con algunos millones de personas emigrantes que ¿deberíamos decir que se equivocaron al votar?

Perdónenme una breve incursión en este fenómeno desde el lenguaje no verbal. Tengo que decirles que Hillary ha sido instruida en esta disciplina de manera meticulosa. Máxime cuando Obama –el todavía presidente de su mismo partido- es considerado un maestro de la comunicación del que aún siguen aprendiendo muchas personas. Obama desarrolló un encanto personal irresistible para las masas por su presencia comunicativa y eso –y sus insultos a Hillary- le permitieron vencerla en las primarias de hace nueve años. Ahora le ha estado apoyando, defendiendo y publicitando las lindezas de su antigua contrincante. Sus antiguos asesores en kinesia y proxemia (gestos y utilización del espacio personal) han ayudado  a la nueva candidata.  Y la han arruinado.

Esta era Hillary hace mas de un año:
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Todo el mundo conocía a esta mujer. Su deterioro físico propio de la edad, sus arrugas, sus dedos con la imposibilidad de extenderlos rectamente. Como el peligro al parecer era que su salud no respondiese –de hecho se desvaneció en varias ocasiones en la campaña electoral- se optó por embutirla de botox , operar su boca y hacer aparecer unos dientes relucientes que se exponían hasta la parte más lejana de sus mejillas. Nos apareció así:

mirada-clinton2  Durante los debates se le pidió que no abriera sus brazos sino que solo los utilizara para señalar hacia delante. Es un truco –Obama lo uso también- para que la masa piense que conoces a cada una de las personas que te aclama en una concentración. Abrir los brazos que produce sensación inconsciente de amplitud y sinceridad –Trump lo hizo- era imposible para su artrosis. La boca abierta con exageración –en google encontraran cientos de fotos- muestra a un modelo de mujer como hembra siempre joven a punto de satisfacción –también sexual- que necesita oxigenar constantemente porque vive en presente toda sensación. Este es el modelo de las ejecutivas de Manhattan que quieren trepar sin envejecer. Es el modelo de algunas clases no solo neoyorquinas sino también de Washington  o incluso Boston donde la mujer para ser modelo realizado de su género tiene que estar financieramente activa, sexualmente activa, luchar con todas las trampas posibles para vencer, y tragarse los sapos y los cuernos que te pongan si hay beneficio. Hillary cumple ese modelo y produce ideas y gestos políticamente correctos. En los debates aunque Trump le arrease de lo lindo ella siempre sonreía; le llamaba Donald y él nunca le tuteo. El resultado: cuando la gente se encontró sola con su voto. Le pareció que aquello era falso. Clinton decía todo lo que había que decir… y sonaba a mentira.

Si Trump la miraba con desprecio era porque era verdad: la despreciaba. Si apretaba esos labios cursis como despreciando las ideas de la otra era porque era verdad: la despreciaba. Si la candidata le decía algo con lo que no estaba de acuerdo no la llamaba Hillary ni querida: le ponía mala cara y le decía mentira.

No soy partidario de Trump. Algunas cosas que ha dicho son imposibles en una economía globalizada y ni a los países estatalistas les funciona ya una economía basada en aranceles. Dentro de poco va a perder mucho dinero personal. Este personaje podría provocar un escándalo para que lo echasen pronto y simplemente haber demostrado que va donde quiera. Pero la gente pensó que era sincero consigo mismo y eso es una moneda muy preciada.

No poca gente está harta de lo políticamente correcto, de lo que hay que decir porque “pega” y añora alguien que diga, piense y sienta por sí mismo. Y que determinados estereotipos de lo que es un hombre correcto, un mujer plena, un emigrante humilde, un niño indefenso, una persona progresista, un cristiano moderno, un artista avanzado… dejen de aprisionar mi pensamiento y mi sentimiento. Y cuando esté solo… votaré lo que yo quiera.

Y si Hillary hubiese aparecido como una mujer madura. Con no mucha movilidad pero con suficiente sabiduría y picardía para saber cómo llevar una administración. Ella lleva en política mucho tiempo; podría haber dicho que ella mejor que nadie sabe de las mentiras de la vida pública y, por supuesto, en la vida privada. Que ella sabe lo que representa América, que es capaz de hacer equipo con los mejores y que sabe dónde están desde hace mucho. Y que sus arrugas, su pequeña boca prudente y sus pocos aspavientos de cara a la galería procurarían sin espectacularidad, hacer visible la libertad y la prosperidad que los hombres y mujeres de Estados Unidos representan y que muchas personas del mundo anhelan.

Cuidado: el mundo se va hartando de lo políticamente correcto: el brexit era imposible, pero lo es. El acuerdo de las FARC era bueno hasta para el Papa, pero no para los colombianos. Los suizos iban a darse un sueldo social para todos y estaba ganado, menos en las urnas. Trump es impresentable… pero se ha presentado. Es un desastre que la realidad no coincida con mi pensamiento pero… ¿estará mi pensamiento perdiendo a mucha gente y muchas ideas?

Silvio Bueno ss.cc.

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