Con arte religioso: Tempestad en el lago (Eugene Delacroix)

La obra que presento es del gran pintor romántico francés Delacroix, realizada en 1853; se encuentra en la Walters Art Gallery de Baltimore.

La pintura muestra uno de los primeros milagros de Jesús, narrado en los evangelios de San Marcos (4,35-41), San Lucas (8,22-25), y Mateo (8,23-27), cuando calma las aguas en una tormenta en el Lago de Genesaret o mar de Galilea.

Como muy bien se ve en la imagen, una furiosa tempestad estalla en el lago cuando Jesús y sus discípulos van en una barca para atravesarle y llegar a la otra orilla. El pintor nos muestra uno de los temas favoritos del sentir romántico: la naturaleza, en la que sus elementos se desencadenan con toda su fuerza y potencia: un cielo agitado por negros nubarrones y un mar embravecido con rugientes olas en medio del cual la frágil embarcación está a punto de zozobrar. Los discípulos están aterrados; todos están de espaldas intentando remar, excepto uno que levanta las manos con una expresión desencajada por el terror. El miedo les atenaza y llaman a Jesús, que está plácidamente dormido en la proa, iluminado su tranquilo rostro por el halo dorado que rodea su cabeza.

La obra destaca por su excelente estudio cromático y lumínico, mostrándonos una amplísima gama de azules; también apreciamos su excelente factura técnica a base de largas pinceladas para crear las nubes, las olas y el fondo ribereño.

Creo que este hermoso cuadro nos puede comunicar bastantes cosas. En primer lugar, !qué contraste de actitudes!: el pánico de los discípulos frente a la tranquilidad de Jesús, que es capaz de calmar a los poderosos elementos. Son tiempos muy convulsos los que hoy nos toca vivir, llenos de tempestades, de violencia arrebatada, de fuerzas terribles que se desatan en el interior del corazón humano, pero debemos, tenemos que controlarlas; no podemos que estallen ciegamente porque si no también vamos a la deriva y naufragamos. Y ¿cómo hemos de hacerlo?: como lo hace el Jesús de este relato evangélico, con la serenidad con la que él increpa al viento para que amaine, con el sosiego que emana de un espíritu opuesto a cualquier tipo de radicalismo fanático para apaciguar nuestros ánimos y no para excitarlos más y con la serenidad espiritual de quien, movido por los más nobles ideales, es capaz de irradiar en derredor suyo paz, amor, confianza, seguridad. El hombre de hoy necesita, más que nunca, tener fe, creer en unos ideales humanos y religiosos que le conduzcan al estado feliz en el que tiene que vivir, para salvarnos todos, comprometidos en una tarea común.

Todos los cristianos vamos en esta barca y, aunque se encuentre sometida a múltiples dificultades, hemos de conducirla a buen puerto. Nuestra fe en Jesús, la que él nos enseñó, sin acritud, sin violencia, sin agresividad, nos ayuda a doblegar, a superar los peligros que nos acechan y hacer del mundo ese hogar digno en el que podamos vivir todos los seres humanos en paz y sin miedo.

Félix Marcos. Colegio SSCC. Martín de los Heros (Madrid)

 

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