Con arte religioso: Pentecostés

Es una obra del gran pintor manierista Doménikos Theotocópoulos—El Greco–, nacido en la isla de Creta en 1541. Tras su paso por Venecia y Roma, viene a España en 1577 y, después de una breve estancia en Madrid, se asienta en Toledo, ciudad en la que conformará plenamente su estilo pictórico. Se identifica muy pronto con el espíritu religioso de la misma, pintando retratos y obras religiosas para monasterios, iglesias y parroquias rurales, realizando una abundantísima producción hasta su muerte en 1614.

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La pintura que comento—hoy en el Museo del Prado—formó parte del retablo del Antiguo Colegio de doña María de Aragón, en lo que es hoy el Palacio del Senado, hecha en 1596-1600.El tema de la misma se refiere a la venida del Espíritu Santo, suceso narrado en los Hechos de los Apóstoles 2,1-13:

“Cuando llegó el día de Pentecostés se encontraban reunidos todos juntos. De repente, como si apareciera un viento impetuoso, se sintió un temblor del cielo que llenó toda la casa en la que se encontraban sentados. Entonces se les aparecieron como unas lenguas de fuego que se dividían y se situaban sobre cada uno. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diversas lenguas tal como el Espíritu les concedía expresarse”.

20. Pentecostés-detalle2Se trata de una obra maestra del autor donde podemos apreciar muy bien los rasgos más auténticos de su estilo pictórico: su vigoroso cromatismo, de colores fríos, su composición absolutamente vertical, esos cuerpos tan alargados, desmaterializados, que levitan desafiando la ley de la gravedad, consiguiendo con ello esa espiritualidad tan intensa y ese misticismo tan elevado, esa gran intensidad expresiva, esas actitudes tan inestables y escorzos tan rebuscados y ese uso tan arbitrario de luces y sombras; o sea, Greco en estado puro.
¿Qué nos puede decir este cuadro? A mí, dos ideas fundamentales que quiero resaltar:
En primer lugar—y como idea principal—la universalidad del mensaje cristiano, dirigido a todos los hombres de la tierra, siendo tan real, tan directo, tan fácil de asimilar en lo esencial, que todos los seres humanos podemos entenderlo, y si además es comunicado con esa energía que da el Espíritu lo hace mucho más atractivo, mucho más factible, no solo en su momento sino a lo largo de toda la historia de la humanidad, y ¡no digamos! en nuestro mundo actual. Pero, claro, también me pregunto: ¿sentimos de verdad esas lenguas de fuego sobre nuestras cabezas y somos capaces de esparcir sus llamaradas?

20. Pentecostés-detalle1La segunda idea es muy personal, lo confieso. Siempre he soñado con el don de lenguas. ¿No sería maravilloso que todos pudiésemos entendernos, que nos pudiéramos comunicar con éste, aquél o el de más allá para transmitir las palabras, escucharlas y, en su caso, aceptarlas y asimilarlas? El ser humano debería estar dotado de este don de lenguas, porque así se podría cumplir la primera idea, porque así viviríamos en la paz natural que todos deseamos.

Termino con esta frase evangélica que creo resume muy bien lo que trato de exponer:

“La palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”.

Félix Marcos. Colegio Sagrados Corazones – Martín de los Heros (Madrid)

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Fotopalabra: Amistad

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