Con arte religioso: Lienzo quemado I (Joan Miró)

Y tú, ¿te dejas dibujar?

Lo admito, a veces no encuentro la forma de expresarme y recurro con frecuencia a las metáforas para intentar explicar cómo veo o percibo algo. La vida como un lienzo es una de ellas. Un lienzo vacío significa para mí el comienzo de un gran proyecto. Nuestros pinceles, nuestra paleta de colores se encargan de dar forma y color a esta tela blanca llamada vida.

Joan Miró realizó esta obra con sus propias manos y luego, con las mismas, la destruyó. Un proceso que queda patente y que se hace protagonista, lo que fue y lo que ahora es. Construir y deconstruir. Parece fácil pero aplicado al significado que adquiere en una vida puede convertirse en un proceso desgarrador. Después de un proceso de ruptura con antiguos planes y proyectos el lienzo se quema, se deshace de la misma forma que se cae todo lo que hemos construido a nuestro alrededor. Todo aquello que fuimos plasmando sobre el lienzo de nuestra vida se consume. A pesar de todo hay algo que no desaparece y permanece, algo que aún sustenta y no deja que se caiga la estructura. La fe, lo que puede considerarse el pilar fundamental de la vida de un cristiano cuyo papel de sustento se ve aún más acentuado en los momentos más amargos.

Muchas historias de lienzos rotos y siempre la misma apuesta, siempre la misma lección.

Puede que mi vida arda en llamas y que mis aspiraciones y planes pasados ya no me sirvan en el presente, puede que tenga que decir adiós a cosas o a personas que amo, incluso puede que lo que hoy sustenta un simple bastidor de madera sea toda una ruina. Pero sé que puede ser mejor de lo que es y aunque nuestra vida pudiera alguna vez convertirse en un cuadro bello siempre habrían quedado partes sin concluir. Mientras tanto Él tiene una aspiración mayor, la que a partir de ahora en nuestra vida podemos dejar que sea su obra maestra.

Dedicado a mi queridísima hermana de comunidad, Tamara.

Gloria López Pérez. Parroquia Virgen del Camino (Málaga)

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