Con arte religioso: Éxtasis de Santa Teresa (Bernini)

¿Teatralidad o Trascendencia?

¿Es posible transmitir lo que el amor de Dios causa en el corazón del cristiano?¿Puede ponerse en palabras la experiencia religiosa? A los místicos, que son aquellos que con más fuerza se han visto convulsionados y transformados por esa experiencia se les concede, con frecuencia, el don de la palabra, para poder expresar lo vivido y convertirse así en testigos del Amor de Dios.  De entre ellos quizás Santa Teresa sea la que más cercana nos resulte; ella no habló sino de lo que vivió. Y llamó a Jesús su esposo, porque solo esa experiencia de amor esponsal, de raíz bíblica compartida con San Juan de la Cruz, le ayudaba a entender la relación con el Amado. Pero se trataba en esta sección de hablar de arte…

¿Y es posible plasmar en un lenguaje artístico no verbal esa experiencia mística esponsal?

El arte barroco, tan aclamado como denostado, intenta de alguna manera abrir el mundo de la naturaleza y de la materia a la vida sobrenatural y a la Gracia. Bernini, su gran genio, es lo que pretende: ¿Cómo la materia puede quedar transformada por el Espíritu?¿Cómo puede lo inmanente abrir al mundo de lo trascendente? Para ello no solo se va a servir de la escultura, con un dominio absoluto del mármol, sino que va a crear un escenario arquitectónico, y va a buscar una luz cenital que, cayendo sobre las figuras blancas, nos den la impresión de estar asistiendo a la maravilla de la acción de Dios en Santa Teresa en ese preciso instante en el que el amor eterno entra en su corazón. ¿Teatralidad o Trascendencia?

Como temática ha escogido la transverberación que la santa cuenta en  el libro de la Vida:

08. Éxtasis de Santa Teresa (Bernini)“Quiso el Señor que viese aquí algunas veces esta visión: veía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo, en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla… En esta visión quiso el Señor le viese así: no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos que parecen todos se abrasan… Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento”.

Igual que un director de cine hace de un libro una película, Bernini ha querido hacer de un texto una escultura, ¿y cómo ha entendido el texto? No solo desde la clave esponsal sino también desde la clave erótica que va unida a ella y que, como rescata Benedicto XVI en su “Deus est Cáritas” apoyándose en el Cantar de los Cantares, tiene también su función en el amor: “La fe cristiana ha considerado siempre al hombre como uno en cuerpo y alma, en el cual espíritu y materia se compenetran recíprocamente, adquiriendo ambos, precisamente así, una nueva nobleza. Ciertamente, el eros quiere remontarnos en éxtasis hacia lo divino, llevarnos más allá de nosotros mismos…”(Deus est caritas 5)

Esta obra maestra de la escultura es, sin embargo, a mi parecer, una de las que más daño ha causado a Santa Teresa, contribuyendo a crear esa imagen de santa mística, llena de visiones, levitaciones y experiencias extrañas que la alejan del resto de los mortales. Bernini, evidentemente, no conocía en profundidad a Santa Teresa, lo que le interesaba de ella era ese punto en el que expresa su unión con Dios. Pero nada estaría más lejos del ánimo de la santa que una experiencia de Dios que no pueda ser universalizable. Sabemos que sus escritos iban destinados principalmente a sus monjas, muchas de ellas iletradas, pero estaba convencida de que la experiencia del Amor de Dios, era para todos, también para nosotros.

¿Ha conseguido transmitirla Bernini? Lo que no cabe duda es que Santa Teresa sí lo consiguió:

Ya toda me entregué y di,

y de tal suerte he trocado,

que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó rendida
en los brazos del amor,
mi alma quedó caída.
Y cobrando nueva vida,
de tal manera he trocado,
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.

Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador.
Yo ya no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí,
y yo soy para mi Amado.

Poldo Antolín SS.CC.

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