Con arte religioso: El Ángelus (Jean François Millet)

Hace tiempo que tengo esta obra en la cabeza, y hace tiempo que me pregunto por qué. Es entonces cuando más pienso en determinadas cosas, cuando paro a pesar en lo más necesario en mi vida o cuando simplemente paro. Por esta razón esta imagen tiene un valor añadido y por eso precisamente me pareció ideal para comenzar mis pequeños rincones sobre arte religioso en esta web.

Jean François Millet tenía 53 años cuando empezó a pintar este cuadro que tituló Angelus a mediados del siglo XIX. Durante toda su carrera artística no es frecuente encontrar la temática  religiosa. Lo original de la obra de Millet fue poner el foco de atención en la espontaneidad, y es conocido por captar momentos claves de la actividad de los campesinos durante la larga jornada de trabajo.

Como un tímido vistazo Millet nos presenta esta modesta escena campestre en la que encontramos dos lugareños orando en mitad del campo. El Angelus es una oración que recuerda el momento de la Anunciación y de la Encarnación que siempre se ha tenido muy presente por todos los cristianos.

Sin embargo, más que la oración en sí, lo que más me llama la atención es que, estuvieras donde estuvieras en ese instante, el mundo se paraba en una hora determinada única y exclusivamente para rezar. Justo en este momento antes de oscurecer dos jóvenes campesinos dejan aparcado su trabajo unos minutos e inclinan levemente sus cabezas y en disposición de oración recitan esta oración.

Es el gesto de recogimiento, la forma en la que el hombre sostiene el sombrero y la manera en que ella se lleva las manos al pecho los que transmiten tanta paz y serenidad, los que me hablan desde el silencio. Cuando el ritmo frenético de la vida nos invade por completo y donde la velocidad y el ruido se adueñan por completo de nuestra mente es fácil olvidarnos de parar a rezar y reflexionar.

Ahora, a las puertas de un nuevo curso, es cuando más debemos cuidarnos y la oración puede ser el mejor lugar para entregar todo nuestro trabajo y esfuerzo y donde con paciencia podemos esperar a ver sus frutos. En consecuencia este cuadro se convierte en una imagen muy especial para mí y además de ser un deleite estético es sobre todo una hermosa invitación a pasar por el duro y alentador ejercicio de la escucha interior, la búsqueda de la soledad e intimidad con el Señor que además se convierte en una apuesta segura por nuestra amistad con Él.

Gloria López Pérez

Parroquia Virgen del Camino (Málaga)

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