Con arte religioso: Dormitorio en Arlés (Van Gogh)

Lo “religioso”, lo “espiritual” no está solo en la temática o los objetos, muchas veces está en la mirada, ¡cuántos bodegones, cuántos paisajes transmiten una profunda espiritualidad por el modo de ser pintados o por su luz, sin que aparezca una cruz o una escena bíblica!

Aquí tenemos la habitación de Van Gogh, donde él vivió en Arlés, su cama, sus sillas, sus cuadros… Es una temática que pintó más de una vez. Miradlo bien, se nota que está habitada por él, no nos parece vacía, tiene algo de íntimo y muy personal, quizás por eso nos gusta tanto, además de por el maravilloso colorido tan típico de sus cuadros, prevalecen aquí sus dos colores favoritos: azul y amarillo, el color del cielo y del sol, los colores por eso más religiosos, pero usados esta vez… para un interior. Esta habitación es la suya.

Este año estamos celebrando el quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, en su obra mayor “Las moradas” (que podríamos también traducir “las habitaciones”) nos dice que cada uno de nosotros somos como un castillo en cuyo interior habita Dios, pero que pocas personas se atreven a entrar dentro y descubrirlo, la mayoría ignoran quiénes son y viven “en la cerca del castillo”. Ya en el primer capítulo nos invita a “entrar” y nos dice: “parecería desatino decir a uno que entrase en una pieza estando ya dentro. – Mas habéis de entender que va mucho de estar a estar; que hay muchas almas que se están en la ronda del castillo que es adonde están los que le guardan, y que no se les da nada de entrar dentro ni saben qué hay en aquel tan precioso lugar ni quién está dentro ni aun qué piezas tiene”. En otro capítulo llega a decir “¿Puede ser mayor mal que no nos hallemos en nuestra misma casa?”, “Créeme que si no tenemos y procuramos paz en nuestra casa, que no la hallaremos en los extraños.

Van Gogh y Santa Teresa nos invitan a ser nosotros mismos, a habitar nuestra casa. Cuando esto escribo muchos religiosos, yo entre ellos, pero también muchos estudiantes, muchos jóvenes y no tan jóvenes por motivos de trabajo, cambian de casa y han de instalarse en una nueva vivienda que tendrán que habitar. Después de un largo día, después de tantos encuentros y trabajo volverán a su habitación y allí… se les vendrá la vida. A la mañana siguiente volverán a ella, y tendrán que poner alma, vida y corazón en lo que hagan.

En breve también comenzarán los grupos y comunidades, los proyectos personales, y uno se hará la pregunta: ¿estoy habitando mi propia vida? ¿Está mi vida habitada?

Van Gogh quiso ser pastor evangélico, no le dejaron, consagró su vida a la vocación de pintor, y se entregó a ella de tal modo que entendió que era así como se redimiría. Vivió pobremente, despreciado por el mundo del arte, por pintores y críticos. En vida se dice que solo vendió un cuadro, sus dibujos en papel eran usados para hacer cartuchos para castañas… Pero 100 años después uno de sus cuadros llegó a ser la pintura más cara jamás vendida, hoy posee uno de los museos más visitados en Amsterdam y sus cuadros son el orgullo de muchas colecciones, está reconocido como uno de los grandes y… ¡quién no conoce a Van Gogh!

Así que atrévete a vivir tu propia vida, no quieras copiar la de nadie, en tu soledad no estás solo, Dios está ahí, contigo, no lo busques lejos… Está en tu habitación.

Tú, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mt 6,6)

Poldo Antolín SSCC

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