Con arte religioso: Cristo y la samaritana (Alonso Cano)

La obra a comentar representa un pasaje del Nuevo Testamento, del capítulo 4 del evangelio de Juan. Es un cuadro de Alonso Cano, realizado en 1640 y actualmente en el museo del Prado. El autor es un pintor barroco del siglo XVII, nacido en Granada en 1601 y muerto en 1667 en la misma ciudad.  En un fondo de paisaje de tonos azules y grises, la samaritana apoya su cántaro en el brocal del pozo, situado en el centro de la composición como elemento equilibrador de la misma, mientras escucha a Cristo.

El artista se ha formado en el naturalismo tenebrista propio de su generación, pero pronto lo abandona y su paleta se va haciendo más clara y plateada, con una gran delicadeza en el tratamiento de la pincelada. Se pueden ver  en la pintura claras influencias. Una de ellas procede de la escuela pictórica veneciana del siglo anterior, concretamente en  el modelo femenino y en la técnica colorista, aunque la gama cromática empleada por este pintor no es cálida como la de aquella escuela. También se puede apreciar en sus figuras la influencia del pintor flamenco Van Dyck por la elegancia de las mismas. Como muy bien podemos apreciar en este cuadro, busca composiciones tranquilas, armónicas, equilibradas, dotadas de gran belleza.

En el relato evangélico, San Juan (4,3-42) nos describe a Jesús sentándose junto al pozo de Sicar (ciudad de Samaría). Entabla un diálogo con una mujer samaritana, que se acerca al pozo a sacar agua, la acoge cariñosamente y le dice: ¡dame de beber!; la mujer le pregunta: ¿cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?. Porque no se trataban judíos y samaritanos. Pero Jesús insiste en hablar con ella y sigue dialogando hasta que ella empieza a descubrir que en su alma se abre paso una luz, y, tocada en su corazón, corre a la ciudad proclamando a los cuatro vientos su inmensa alegría por las palabras acogedoras que ha escuchado.

La pregunta que hace a Jesús esta mujer es de plena actualidad, aunque formulada de otra manera, en tono de acusación, de denuncia. ¿Cómo tú ,siendo europeo, no puedes acogerme a mí, que soy de otro país , de otro continente, de otra raza o de otra religión? ¡qué dura pregunta! ¿no es verdad? Y no respondemos ni actuamos como Jesús, porque nos falta firmeza, convicción, fe en el otro ser humano que sufre y nos acomodamos en nuestra podrida riqueza. Jesús ofrece a esta mujer un agua viva que calma todas las ansiedades, una fe que la convence para poder vivir felizmente el resto de sus días. También nosotros podemos ofrecer lo mismo a esos seres que vienen a pedirnos, simplemente, el derecho a una vida digna, donde impere la convivencia, la integración, la tolerancia y el respeto, valores que hoy día parecen olvidados, o mejor dicho, no parecen , están olvidados. Lo comprobamos con solo mirar a nuestro alrededor.

Ojalá que, como Jesús, sepamos dar a estos seres la acogida que se merecen; eso es el agua viva que necesitan, el que les daría Jesús, como se lo dio a todos los que con el convivieron y, además, sin nada a cambio. Así es como demostraríamos la auténtica igualdad  de todos los hombres, desde una perspectiva humana y cristiana.

Félix Marcos. Colegio Sagrados Corazones – Martín de los Heros (Madrid)

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